Lourdes

6. diciembre 2021 | Por | Categoria: Maria

Todos estamos convencidos de que la Virgen María es la gran Auxiliadora del Pueblo de Dios. Esto lo ha manifestado Ella siempre con intervenciones manifiestas a lo largo de los siglos cristianos. Pero, algunas de estas intervenciones de la Virgen han sido tan clamorosas, que nos dejan asombrados sin más. Son las grandes apariciones de la Virgen, comprobadas y aceptadas por la Iglesia, y que han tenido resonancia muy extensa y duradera. Por ejemplo, Lourdes, que vino a salvar del Racionalismo y de la incredulidad a Europa, y con Europa al mundo, en el revoltoso e inquietante siglo diecinueve.

Hablar de Lourdes y entusiasmarse el corazón, es todo uno. Lourdes no era más que una aldea, en los Pirineos occidentales, casi fronteriza con España. Un lugar soñado, de vegetación exuberante, siempre en pleno verdor, con el río Gave de aguas abundantes. Aquella aldea de entonces, es hoy todavía un pueblo pequeño, pero con unos cuatrocientos hoteles que, de Abril a Octubre sobre todo, albergan a verdaderas multitudes llegadas de todo el mundo.

Era el 11 de Febrero de 1858. Bernardita, una muchacha campesina de 14 años, está con dos compañeras recogiendo leña para el hogar, y quiere pasar el río Gave. No logra hacerlo, y se queda en la parte rocosa de la montaña. Lo relata ella misma:
– Alcé los ojos, miré hacia un hueco de la peña, y vi que se movía un rosal silvestre que había a la entrada, mas no los zarzales de al lado. Advertí luego en el hueco un resplandor, y en seguida apareció sobre el rosal una mujer hermosísima, vestida de blanco, la cual me saludó inclinando la cabeza. Retrocedí asustada. Quise llamar a mis compañeras, y no pude. Creyendo engañarme, me restregué los ojos, pero al abrirlos de nuevo vi que la aparición me sonreía y me hacía señas de que me acercase. Yo no me atrevía, y no es que tuviese miedo, pues el miedo nos hace huir, y yo me hubiera quedado mirándola toda mi vida.

Siguieron dieciocho apariciones, entre contrariedades aterradoras para la pobre niña. La mamá, cuando le levantó la prohibición de ir a la roca, le dice:  Vete,  pero lleva un poco de agua bendita y échala a la aparición. Si viene de parte del demonio, desaparecerá. El párroco, a quien la niña encargó de parte de la Señora que levantase una capilla, le dijo: Está bien, pero vas a decir a tu Señora que el cura de Lourdes no admite encargos de personas desconocidas. Que diga quién es, y entonces veremos. El 25 de Marzo iba a ser el día definitivo. Para cuando Bernardita llegó, ya estaba esperando la Señora. La pobre muchacha, entre tanta angustia como le cercaba, le pregunta confiada:
– Señora, ¿quieres decirme quién eres y cual es tu nombre?
La Señora junta las manos, levanta los ojos extasiados al cielo, y exclama:
– ¡Yo soy la Inmaculada Concepción!.
Tan bella era María, que cuando Bernardita vea la imagen de la gruta, llorará y dirá:
– ¡Oh, no! No se parece nada. Hay una diferencia como de la tierra al cielo.
El cura, como señal, quiso que floreciera el rosal silvestre. No floreció la planta. Pero, en cambio, brotó agua de la tierra cuando Bernardita escarbó por orden de la Virgen, agua que ha saciado la sed espiritual de millones de almas y ha curado tantos cuerpos también…
¿Y el mensaje de Lourdes? ¿Cuál es el mensaje de la Virgen? Se resume todo en cuatro estos puntos fundamentales:

Primero, la verdad de la Inmaculada Concepción. Hacía cuatro años que la había definido el Papa Pío IX. Ahora la confirmaba el Cielo. ¡María, la toda hermosa, que no tiene ni tan siquiera el pecado original!…
Desde entonces —desde el Papa Pío IX y Lourdes— la Inmaculada Concepción es el título de María que más impresiona, llena y enardece nuestros corazones.  

Segundo, la oración. La Virgen pedía oración, en especial el Rosario, que pendía de las manos de la Señora. Y la devoción al Rosario, a partir de Lourdes, como ocurrirá después a partir de Fátima, tomará un gran incremento para mucho bien de la Iglesia. Lourdes se ha convertido en una escuela de oración de la cual se sale con una graduación muy alta…

Tercero, la penitencia. La Virgen enseñó a Bernardita a besar el suelo y a caminar de rodillas hasta la roca. Algo también muy importante para nuestros tiempos, cuando se echará sobre la sociedad el hambre desmedido del placer, y se requerirá un mayor amor a la cruz del Señor.
La Virgen se adelantaba a la sociedad del bienestar en que vivimos, y nos decía: Sí; Dios quiere ese vuestro bienestar, pero no perdáis por él la dicha verdadera, que no está en este mundo, sino en el que os espera para después…

Cuarto, sobre todo, la Eucaristía. Desde el principio, todos los peregrinos de Lourdes paraban, más que en la gruta, en el confesionario y en el comulgatorio. ¡La Virgen nos lleva siempre hacia Jesús! Y en Lourdes es ésta quizá la lección que más entra por los ojos. Por la Virgen se va a descargar los pecados en el tribunal de la penitencia, y por la Virgen se hacen filas interminables para comulgar.

¡Lourdes! ¡Bellísima Virgen de Lourdes! Que captemos tu mensaje maternal. Que sepamos ir a ti. Porque sabemos que Tú —¡siempre serás la misma!— nos llevarás a Jesús, Salvador nuestro… Te apareciste para llevarnos a Jesús, ¡y qué bien que lo has sabido y lo sabes hacer!…

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