Maria

Con la “Llena de gracia”

1. diciembre 2011 | Por | Categoria: Maria

En el Año Santo de 1950 empezó a rumorearse en serio de que el Papa Pío XII iba a definir el dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo. Una muchacha preciosa, que acababa de cumplir los veinte años, se dijo:
- ¡Ésta es la mía!… Si es verdad que el Papa va a hacer eso, yo no lo voy a contemplar en la tierra, sino que quiero celebrarlo en el Cielo…



¡María, ven a mí!…

24. noviembre 2011 | Por | Categoria: Maria

Es muy natural que escuchemos a la Virgen María, y oigamos esta palabra suya: -¡Ven aquí, hijo mío! ¡Hija mía, acércate!… Sería esto lo más natural, en labios de quien recibió de Jesús el encargo: -Ahí tienes a tu hijo, ahí está esa hija tuya… Pero, ¿y si hiciéramos al revés? ¿Si fuéramos nosotros los que le decimos a la Virgen: -¡Madre, ven aquí, que te espero!…
Pues, sería esto también lo más natural. Porque el mismo Jesús que le dijo a María “Ahí está tu hijo”, le dijo al discípulo “Ahí está tu madre”. Y, como dice el Evangelio, “el discípulo la tomó inmediatamente por suya” (Juan 19,26-27)



El Ángelus

17. noviembre 2011 | Por | Categoria: Maria

Cuando el Papa Pablo VI repasó en su magnífica Exhortación Apostólica El Culto de María las devociones de la Iglesia a la Virgen, al llegar al “Ángelus” dijo sin más que se conserve tal como está, porque es una plegaria perfecta…
Los tres momentos de rezar el Ángelus han sido tradicionalmente avisados con el toque de la campana en los pueblos cristianos. Al amanecer, al mediodía y al ponerse el sol, tocaba la campana, y toda la comunidad cristiana entendía:
- ¡Es la hora de rezar a la Virgen!… El Ángel del Señor anunció a María…
Todos interrumpían el trabajo, todos rezaban las tres Avemarías, todos tenían un recuerdo cariñoso para sus difuntos, todos oxigenaban el alma con la oración más tierna a la Madre del Cielo…



María del Cenáculo

10. noviembre 2011 | Por | Categoria: Maria

Se ha contado muchas veces aquella escena tan tierna de la madre que agonizaba. Rodeaban el lecho sus niños, y el más pequeñito, aunque no sabía muy bien qué era aquello de morir, le pregunta con inocencia encantadora:
-Mamá, ¿es verdad que ya no vas a poder cantar más?…
La mamá hace un esfuerzo supremo, e invita a los pequeños: -Sí, hijitos míos. ¡Venid, alabemos a María!…
La madre buena se despedía de este mundo cantando a María, y en el Cielo ha tenido ocasión interminable para cantarle a placer cuantas veces quiera…