El héroe ante los ojos

14. mayo 2010 | Por | Categoria: Reflexiones

Cuando hablamos del héroe, ¿a quién nos referimos? Hoy se habla mucho del héroe, sobre todo a la juventud. Y nos referimos a ese personaje grande —grande por lo que sea— que se nos ha metido en la cabeza, y pensamos en él porque queremos ser como él. Ponemos un caso para ilustrar nuestro pensamiento. El Papa Pío XII fue un hombre que subyugó al mundo entero. En sus audiencias, encandilaba. Y aquel muchachito, cuando llega a besarle la mano, le dice entusiasmado:
– ¡Yo también quiero ser Papa!
Claro, que el Papa le contestó con sonrisa triste:
– ¡Pobre muchacho!…
Efectivamente, el niño no sabía lo que se decía. Pero, con tanto oír hablar de aquel Papa, se lo había figurado inmenso y no soñaba sino en ser como él. Soñaba en su héroe.

La anécdota de este niño nos enseña con su sencillez encantadora una realidad sicológica que todos llevamos dentro: nos formamos nuestro héroe, queremos ser como nuestro héroe, y nuestra vida tiene que ser como la de nuestro héroe.
Este héroe será para un niño el Superman que ve en la tele; para un joven, el mejor futbolista; para una adolescente, la modelo más elegante; para un científico, el último premio Nobel de Física; para un seminarista, el apóstol más andariego a lo Javier… Habrá para todos los gustos, pero el héroe estará presente en la imaginación de todos…

Entre los Santos de la Edad Moderna, pocos pueden compararse con Ignacio de Loyola. Su vida anterior no había sido de las mejores. Pero después de la batalla en que le queda destrozada la pierna, convaleciente de la herida, aburrido de tantas horas sentado, no hace más que leer vidas de Santos, únicos libros que tiene a mano, y se empieza a decir:
– Domingo hizo esto, pues yo también lo haré. Francisco hizo aquello, pues yo también lo quiero hacer…
Y pensando en estos héroes, ¡vaya héroe que resultó Ignacio de Loyola!…

El héroe elegido tiene que ser, ante todo, un ser alcanzable, porque si yo no puedo ser como él, es inútil que me esfuerce en seguirle. Por otra parte, debe estar muy por encima de mí, pues sería poco sensato el seguir a un héroe al que yo supero.
Entonces, cabe preguntarse: Dios, que nos ha hecho, que nos conoce bien, ¿no habrá puesto ante nuestros ojos un héroe que nos fascine, que nos atraiga, que esté muy por encima de nosotros y, sin embargo, tan cerca que lo podamos alcanzar?…

Sin decir su nombre, todos entendemos que hablamos de Jesucristo. Imposible imaginar un héroe más grande: ni ha existido ni existirá otro igual que Jesucristo. Pero, al mismo tiempo, es tan humilde, tan sencillo, tan asequible, tan acomodado a cada uno de nosotros, que todos y cada uno podemos decir:
– ¿Yo?…Como Jesús, como era Él, como actuaba Él, con los mismos sentimientos que anidaban en su corazón…
Un gran pensador y brillante orador definió bien a nuestro héroe Jesucristo, con expresión casera pero profundísima:
– Es el único vestido a mi medida (Lacordaire)

Así es. Siempre que miramos a un hombre o a una mujer que nos sobrecoge por su grandeza, por sus cualidades, por sus éxitos…, siempre le encontramos un fallo que nos decepciona, y entonces nos decimos:    
– No vale la pena el seguirle, es un vestido que me viene corto…
O bien, lo encontramos tan lejos de nuestro alcance, que nos repetimos:
– Yo no puedo así, en esa camisa caben tres como yo…

Mientras que si miramos a Jesucristo, nos decimos llenos de convicción:
– ¡Como Jesús!
Y como Jesús, rezamos;
como Jesús, trabajamos;
como Jesús, sufrimos;
como Jesús, llevamos con paz nuestra cruz;
como Jesús, sonreímos y somos bondadosos y amables;
como Jesús…, todo lo hacemos como Jesús, y entonces Jesús, el héroe de nuestra vida, nos hace ante Dios gigantes como Él…

Jesucristo, ¡qué magnífico eres!
Jesucristo, ¡qué poco miedo que nos das!
Nos dices que te sigamos, y nos invitas a la cosa más sencilla.
Nos dices que te sigamos, y nos encumbras a las alturas más excelsas…
Todos los grandes hombres y mujeres de este mundo nos cautivan de momento, pero pronto dejan de ilusionarnos. El único que no nos decepciona nunca eres Tú. Por eso te admiramos. Por eso te queremos. Por eso te seguimos. Y sabemos que no nos equivocamos al constituirte, sin más, en el HEROE de nuestros sueños.

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