Jesús, el Evangelizado

2. octubre 2023 | Por | Categoria: Jesucristo

San Bernardino de Siena fue un sacerdote franciscano, predicador que arrastraba multitudes allá por el siglo quince. Fustigaba sin remisión los vicios de las ciudades y los culpables caían rendidos ante su confesonario. Nada extraño, por lo mismo, que los aficionados al juego se olvidaran de las cartas y los dados, dejando vacías las tabernas y los bares. Hasta que un día le viene el pintor de los naipes: -Padre, que me usted me está arruinando. Me estoy quedando sin trabajo. Nadie compra los naipes que se amontonan en mi taller.
El Santo lo compadece: -¡Tienes razón, hijo mío! Porque puedes y debes vivir de tu trabajo.
El pintor insiste: -Pero, ¿cómo voy a vivir de mi trabajo, si usted me lo quita al dejarme sin clientes?…
Bernardino sonríe ante la ocurrencia que le ha venido a la mente, y le dice algo malicioso: -Mira, haz una cosa. En vez de pintar naipes y otras cartas de juego, dedícate a dibujar en oro tablillas con una sola palabra: JESUS,  en medio de un halo de luz. Cuando tengas bastantes, me lo vienes a decir.
El pintor y grabador le hace caso, y cuando ya tiene cantidad, se lo dice al misionero, el cual aquella noche, como lo hacía en todos sus sermones, predica con verdadero fuego sobre el Nombre de Jesús. Al final del sermón, toma una de las tablillas, la levanta en alto, e invita a todos:
– Háganse todos para cada casa con una tablilla como ésta. Pónganla en la puerta, o colgada en la pared, o donde más les guste. ¡Pero que el Nombre de Jesús no falte en ningún hogar, así como no debe faltar nunca en los labios cristianos! El Nombre de Jesús debería estar grabado encima de todas las puertas, en las gotas de agua, en los polvos que arrastra el aire, en todos los granos de arena que hay en las playas del mar…
¡Pobre grabador de las tablillas! Ahora su apuro fue el dar a bastos a tan gran demanda como se le echó encima. Ya no se quejaba. El Nombre de Jesús le sacaba de su pobreza y le hacía improvisadamente rico.

No se necesita mucha imaginación para ver cuál tiene que ser la conclusión de este hecho tan simpático, tan bello. El Nombre de Jesús predicado, el Nombre de Jesús conocido, el Nombre de Jesús metido en las mentes y en los corazones eliminará la pobreza espiritual en que yace el mundo y hará sin más al mundo enormemente rico.
Porque Jesús es el Evangelio de Dios, del cual dice San Pablo al principio de la más formidable de sus cartas que es la fuerza de Dios para que se salve todo el que cree (Romanos 1,16). ¿Y hay algo que enriquezca tanto como Jesús, que es la riqueza suprema del Cielo?…
La poesía más famosa a la Ascensión de Jesús termina con una estrofa llena de sentimiento angustioso:
Ay, nube envidiosa  
aun de este breve gozo, ¿qué te quejas?  
¿Dónde vas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!…
Que nos perdone el bueno y santo poeta Fray Luis de León, a quien tanto queremos, si le decimos que no estamos conformes con él…
Jesucristo, evangelizado desde aquel momento por quienes eran sus testigos y una vez recibido el Espíritu Santo, no se iba ni se alejaba, sino que se quedaba con nosotros.
Jesucristo, evangelizado, no nos dejaba pobres, porque nos llenaba con toda la riqueza de Dios.
Jesucristo, evangelizado, no nos dejaba ciegos, porque la luz de Dios inundaba la Tierra, de Oriente a Occidente, de Polo Norte a Polo Sur…

Hoy el mundo necesita más que nunca convencerse de que Jesucristo es la única salvación en que puede soñar. Cuando le han fallado todos los dirigentes que se le han presentado para librarlo de la pobreza moral en que se ha sumido, sólo puede pensar en la Persona de Jesucristo para encontrar la solución de sus problemas. Entusiasmarse por otro líder, soñar en otro líder, es caminar a ciegas hacia el suicidio.

Le ocurrió a aquel filósofo alemán que vio claro hacia dónde Hitler, el brutal dictador, conducía a toda Alemania. Temiendo ser también él una víctima del terror nazi, llevaba siempre consigo una ampolla de veneno activísimo: -¡Yo no caigo en sus manos! ¡Yo prefiero quitarme la vida!… Era la solución inmoral que tomaba uno que no creía.
Pero llega a conocer a Jesucristo, lo estudia, se le rinde, y lo primero que hace es botar bien lejos la ampolla suicida. Con pulso firme, escribía en su diario de notas: -He encontrado a Cristo, que se me ha revelado (Ablewitz)
 
Si Jesucristo es el Evangelio de Dios para la salvación del mundo, Jesucristo necesita evangelizadores que lleven el Nombre de Jesucristo a todas partes. Esto es especialmente necesario en nuestra América Latina. Sumidos como estamos en una injusticia y una pobreza institucionalizadas, son muchos los que se empeñan muy laudablemente en promover la justicia y el bienestar para todos.
Es un papel que los Pastores de la Iglesia nos lo han recordado especialmente a los laicos, conforme al Documento de Puebla, que nos dice:
– El laico se ubica, por su vocación, en la Iglesia y en el mundo. Miembro de la Iglesia, fiel a Cristo, está comprometido en la construcción del Reino en su dimensión temporal (Puebla, 787)
Aceptado cien por cien. Pero siempre, con tal que no se deje de lado lo principal, lo primerísimo de todo: el anuncio del Nombre de Jesús, que entusiasma a los trabajadores del Reino y pone atento el oído de aquellos a los que queremos liberar de su opresión.

¡Tablilla del Nombre de Jesús! No hace falta llevar tallado el bendito Nombre del Salvador en madera cuando lo tenemos bien vivo y tan adentrado en el corazón. A un amante de Jesucristo, no le gana nadie en riqueza celestial…

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