El espíritu de Jesús
29. mayo 2023 | Por Padre Pedro Garcia | Categoria: JesucristoUn pastor de la Iglesia reformada de Suiza proyectó fundar un instituto de diaconisas, pensó en la gran obra de San Vicente de Paúl, y acudió a un amigo suyo, sacerdote católico: -¿No me podría proporcionar las Reglas de las Hijas de la Caridad?
El celoso pastor actuaba con toda rectitud y gran nobleza. El sacerdote, efectivamente, consiguió las Reglas y se las remitió también con la mejor intención. Pero le previno: -Aquí las tiene. Le puedo enviar las Reglas. Pero no le puedo mandar el espíritu de ellas.
El avispado y prudente sacerdote no pudo expresar mejor lo que es el Evangelio escrito y la vida del cristiano. No se trata de letra, sino de espíritu: del espíritu de Jesús, que nos lo enseñan los Evangelios escritos, pero que nos lo hace vivir solamente la gracia de Dios y el esfuerzo nuestro.
El apóstol San Pablo nos lo pide con ilusión y con fuerza: “¡Tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús!” (Filipenses 2,5)
Las Hijas de la Caridad son una de las obras más grandes y más admirables que han nacido del seno de la Iglesia Católica en veinte siglos; pero esa institución prodigiosa no se debe a letra escrita, sino al espíritu de Jesús que ellas han conocido y han asimilado de manera tan singular.
¿Cuál es, cómo es ese espíritu de Jesús?… El mismo Señor aprovechó una ocasión para decirnos lo que no era su espíritu. Y diciéndonos lo que no era, nos enseñó lo que debía ser. Aconteció el hecho cuando Jesús y los Doce iban camino de Jerusalén. Los samaritanos, contra la tradición más sagrada de los pueblos de Oriente, se les enfrentan despectivos:
– ¿Hacia Jerusalén se encaminan? Pues, aquí están de más. ¡No los queremos recibir ni encontrarán aquí hospedaje!
Los apasionados hermanos Santiago y Juan ⎯llamados certeramente por Jesús “hijos del trueno”⎯, piden permiso al Señor:
– ¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo y que los consuma?
Y Jesús, enérgico, severo:
– ¡No! ¡De ningún modo! No sabéis de qué espíritu estáis animados.
Aquel espíritu de venganza, de terror, de castigo, de justicia exigente, no decía nada con el espíritu de Jesús, todo bondad, misericordia, perdón, comprensión, entrega, generosidad.
Para saber cuál es el espíritu de Jesús acudimos a las parábolas clásicas:
– Más gozo en el cielo por un pecador arrepentido que por cien buenos que no necesitan penitencia.
– ¡Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!
– No son los sanos los que necesitan del médico, sino los enfermos.
– Misericordia quiero, y no precisamente vuestros sacrificios; porque no he venido a buscar a los justos, sino a los pecadores, les asegura a sus rivales los fariseos, hipócritas, rigurosos y exigentes.
Miramos igualmente los hechos más significativos de Jesús.
– Paralítico, tus pecados te son perdonados. Y ahora, ¡levántate y anda!
– A esta mujer le son perdonados sus muchos pecados, porque ama mucho.
– Mujer, ¿nadie te ha condenado? Pues yo tampoco te condeno. Vete en paz, y no peques más.
– Sí, Zaqueo: ¡hoy ha entrado la salvación en esta casa!
– ¡Hoy, hoy mismo estarás conmigo en el paraíso!, le dice al que pende en la cruz por haber sido antes un criminal.
Los gestos de Jesús son los reveladores más claros de su espíritu_
– ¡No llores, mujer!, a la que lleva a enterrar a su hijo único.
– ¡Mirad cómo le amaba!, dicen de Él ante la tumba de Lázaro.
– ¡Dejad que los niños vengan a mí!, exige con imperio a quienes los alejan porque enredan y estorban.
Las enseñanzas de Jesús son de humildad, de servicio, de abnegación.
– ¿Habéis visto cómo os he lavado los pies? Pues haced lo mismo vosotros los unos con los otros.
– ¿Prójimo el que usó misericordia con el herido?… ¡Vete, y haz tú lo mismo!
– Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis la paz para vuestras almas.
Para conocer el espíritu de Jesús, hay que mirar sobre todo las opciones libres de su vida.
Nace pobre, pobrísimo. ¿Qué hombre ha nacido más pobre que Jesús?…
Treinta años metido en un taller y trabajando los campos. ¿Quién le gana en trabajo duro?…
Ministerio fatigoso durante tres años, sin tener donde reclinar la cabeza, aunque los pájaros tengan sus nidos y las zorras encuentren sus madrigueras. ¿Quién le vence en incomodidades?…
Muere en una cruz, colmo de los colmos del dolor, vergüenza y abandono, para que nadie le supere en sufrimiento y todos vengan a Él como el único que los puede entender por sus experiencias propias.
Todo esto nos muestra cuál es el espíritu de Jesús, cuáles son los sentimientos de su Corazón incomparable. Para poseer este espíritu no bastan las reglas prestigiosas de una gran institución, ni valen tipos tan noblotes como los simpáticos hijos del trueno. Se necesita algo más, como es la asimilación de la vida de Jesús, intensamente anhelada, meditada, imitada y pedida continuamente a Dios.
Entonces, sí; sólo entonces hay hombres y mujeres capaces de las mayores renuncias y de la entrega total, porque sólo entonces vuelve Jesucristo a vivir en la tierra como vivió hace dos mil años en su patria de Palestina…