La fe que nunca se pierde
21. marzo 2014 | Por Padre Pedro Garcia | Categoria: ReflexionesUn poeta muy celebrado había compuesto una poema muy bello, titulado “Amor de madre”, dedicado al ser más querido de la tierra, y con él se ganó el premio primero de los Juegos Florales. Eran los tiempos en que el presumir de indiferente e irreligioso constituía casi un honor. Pero el poeta (Gabriel y Galán) era suficientemente buen cristiano como para dejarse vencer de un respeto humano cobarde. Y así, cuando subió al estrado para declamar la poesía premiada con la Flor natural, antes de leerla, y ante la admiración del numerosísimo auditorio, recita estos versos medio improvisados…