Entre los muchos Santos que presentamos, ¿podía faltar Isidro, el Labrador, el modelo y patrón de los agricultores, un Santo tan querido y tan invocado por nuestros admirables campesinos?…
Roma presenció aquel día del año 1622 una canonización singular e histórica. En los altares, el imponente Ignacio de Loyola y su mayor conquista, el apóstol de la India y el Japón, Francisco Javier. Les acompaña el Santo más representativo del Renacimiento italiano, el popularísimo Felipe Neri. Con ellos, una mujer excepcional, como es Teresa de Jesús. Y en medio de los cuatro, un trabajador del campo, que no sabe más que de arados y azadones, de espuertas y de yuntas de animales, San Isidro el Labrador.
El Papa nos dejó consignados en la Bula de canonización los rasgos más característicos de Isidro, e historiadores muy severos depuraron la vida del santo de muchas leyendas, y nos han guardado las que se pueden conservar como seguras del todo…