Los Beatos Luis y María Beltrame

10. marzo 2017 | Por | Categoria: Santos

La Beatificación que el Papa Juan Pablo II realizó el 21 de Octubre del año 2001 pasará ciertamente a la historia de los Santos. Un matrimonio de nuestros días, unos esposos como tantos que nos rodean, una pareja normal, pero extraordinaria… Luis y María Beltrame subían juntos a la gloria de los altares. Dos de sus hijos, sacerdotes, concelebraban la Misa con el Papa, y una de las hijas estaba allí testimoniando que la santidad de los padres se convierte casi en hereditaria cuando se le deja a Jesucristo reinar en el hogar.

¿Quiénes eran Luis Beltrame y María Corsini?
Los dos, hijos de familias hondamente cristianas.
Los dos, una pareja de jóvenes que se conocen en Roma durante sus estudios. Luis, se gradúa en Derecho y se convierte en brillante abogado. María, señorita de buena sociedad, posee una cultura superior: estudia lenguas, toca el piano, lee los clásicos y llegará a ser escritora muy apreciada.
Los dos, un muchacho y una chica que saben cómo es el “flechazo” que finaliza llevando al altar…

Se casan en la Basílica de Santa María la Mayor, y a los cuatro años ya han venido tres criaturas al hogar. Parecía que ya no llegaría ninguno más, y cinco años más tarde aparece otra bendición de Dios. Pero esta vez se presenta un problema muy grave. El Doctor, prestigioso ginecólogo en Roma, es tajante:
– Corre peligro la vida de los dos. Para salvar al menos a la madre, hay que…
No hacía falta seguir hablando. Ni Luis ni María estaban para concesiones. La mirada tierna de María se cruza por un instante con la firme de Luis. Miran ambos el Crucifijo que pende en la pared, y contestan resueltos: -¡Venga lo que Dios quiera, y basta!… Y vino aquella preciosidad de chiquilla que se llamó Enriqueta, la que estaría presente en el Vaticano para la Beatificación de sus valientes papás.

Excelentes educadores, Luis y María se adhieren al naciente movimiento de los Scouts para formar en austeridad y valentía a sus hijos.
Saben formarlos, sobre todo, en la fe cristiana y en la piedad. Queda entronizado en el hogar el Sagrado Corazón de Jesús, por insinuación del santo Padre Mateo Crawley, el iniciador de la entronización en todos los hogares cristianos del mundo, y que seguirá siendo gran amigo y consejero de la familia.
La generosidad de Luis y María para con Dios, no va a tener límites. Un día, Felipe: -Quiero ser sacerdote. Me voy al Seminario. Y los papás: -¡Claro que sí, hijo! Y con nuestra bendición más grande.
Unas semanas más tarde, es César quien viene -Papás, yo también quiero ser sacerdote, monje benedictino. Y se va a San Pablo Extramuros, donde está de Abad nada menos que el Padre Schuster, futuro Cardenal Arzobispo de Milán y hoy venerado en los altares…
Pasan dos años nada más, y el sacrificio afectivo mayor. Fanny, que viene con lo que la mamá sospechaba hacía tiempo: -Papás, que me quiero ir al convento, monja de clausura.
Quedaba Enriqueta, que, para no ser menos, también un día se consagrará del todo a Dios, aunque permanecerá hasta al lado de mamá hasta el fin.

Ya ante el peligro de la guerra, el Ministro de Justicia de Italia ofrece a Luis el cargo de Abogado General del Estado. Magnífica posición. Pero Luis lo rechaza, alegando algunas excusas, aunque los íntimos saben la verdad: -No acepto. No quiero verme metido entre las altas jerarquías del fascismo.
En la Guerra Mundial, los dos hijos, ya sacerdotes, son llamados a filas como capellanes militares. Un bombardeo de Milán reduce a escombros el convento de la hija mayor, aunque las religiosas, por orden del santo cardenal Schuster, lo habían abandonado a tiempo. La madre, se alista voluntaria en la Cruz Roja.

Deshecho el ejército italiano, los dos hijos sacerdotes recorren toda Italia prestando ayuda a los soldados y salvando a familias judías en peligro de caer bajo la Gestapo alemana. El apartamento de los dos esposos, en lo más céntrico de Roma, se convierte en un refugio de los perseguidos, aunque Luis y María exponen a cada momento sus vidas si son descubiertas sus maniobras por la policía alemana. No importa. La caridad con los necesitados había que llevarla hasta el heroísmo. Después, trabajan cuanto pueden en la reconstrucción de la patria, cumpliendo sus deberes cívicos como obligación sagrada.
Luis rechaza de nuevo ser Abogado General del Estado, que le ofrece ahora no el fascismo, sino el gran De Gasperi; y después, rechaza también el puesto de Senador que le piden por la Democracia Cristiana, a pesar del reconocido catolicismo del Partido: -No acepto razones de conciencia; pues no estoy acorde con ciertos principios ni con algunas costumbres en los pasillos del Senado.

Los últimos años de los dos esposos transcurren en el trabajo, en la paz, en la oración, en un amor cada vez más tierno y más profundo. María, muy buena escritora, ha publicado antes y sigue publicando hasta el fin libros muy apreciados, sobre el amor, sobre la familia, sobre la educación.
Muere Luis en 1951 y María le sobrevive hasta 1965.

¿Dónde ha radicado la santidad de un matrimonio así, que ha merecido los honores de los altares? Primera vez que el Papa beatifica así a dos esposos, ¡y ojalá que lo podamos ver muchas veces más!
El secreto de su santidad ha estado en la vida de cada día. En el amor sin fallos. En la formación intachable de los hijos. En la oración constante y sin decaimientos. En la Comunión diaria, que no dejan nunca. En el sacrificio que imponen las obligaciones familiares de cada día. Para Luis, concretamente, en el cumplimiento escrupuloso de su profesión. Para María, en su entrega a un apostolado generoso, variado, pero constante y siempre con mucho amor.
¡Qué pareja más bella lucía aquel domingo en el balcón central de la Basílica Vaticana!…

 

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