San Alberto Hurtado

25. noviembre 2016 | Por | Categoria: Santos

Alberto Hurtado es un santo genuino de nuestras tierras americanas, aunque sea Chile quien siente el orgullo de haber dado a la Iglesia un apóstol tan grande y tan moderno, nacido en Viña del Mar en 1901 y muerto en Santiago en 1952. Cincuenta y un años de vida gastada toda en un gran amor a Jesucristo y dedicada con pasión a los Jóvenes y a obras sociales audazmente cristianas.
Hoy en el Cielo, ha conseguido la tercera etapa de su existencia, de la que hacía esta acertada distribución: La vida nos ha sido dada para buscar a Dios; la muerte, para encontrarlo; la eternidad, para poseerlo.

Buscó a Dios en todos los momentos de su vida, sobre todo por el amor apasionado a Jesucristo, del que decía siempre: ¡Chliflaos por Jesucristo!
Se enfrentó con la muerte en la plenitud de su vida, pero no le hizo mala cara, conforme a su lema que repetía continuamente, sobre todo en los Retiros a los Jóvenes: ¡Contento, Señor, contento!
Y ahora en el Cielo, y reconocido por la Iglesia en los altares, posee a Dios inamisiblemente y nos lo sigue dando a nosotros con el ejemplo de su vida y con su intercesión poderosa.

¿Cómo se desarrolla la vida de Alberto?
Joven inquieto, suda para poder pagarse los estudios en la universidad. Da clases en una escuela nocturna, descubre allí los valores de los jóvenes obreros y empieza a trabajar por ellos con éxito. Pero se pregunta también: ¿Estoy haciendo bastante por Cristo? Y, tras la pregunta inquietante, la decisión: ¡Sacerdote, para darme enteramente al Señor y a los demás! Con este ideal ingresa en la Compañía de Jesús, que le da una excelente formación en casas de Chile, Argentina, España y Estados Unidos.
Se va a dar a todos ⎯porque a todos hay que salvar⎯, como instrumento en las manos de Jesucristo. Pero los Jóvenes, con una marcada orientación social, van a ser la obsesión de su vida.

A los muchachos los entusiasma con lo que empezaron a llamar las arengas del Padre Hurtado.
Pone los fundamentos de la formación juvenil en una piedad profunda:
– Tú, ¿ya tienes el misal? Y tú, ¿ya te confiesas bien y comulgas con frecuencia? Y tú, ¿ya has practicado los Ejercicios Espirituales? Y tú, ¿cómo llevas tu oración?…
Ante todo, quiere esto: que los jóvenes, a los que va a lanzar a las obras sociales, estén formados en el espíritu de oración y se fortalezcan con la asiduidad en la recepción de los Sacramentos. Sin Dios metido profundamente en el alma, no harían nunca nada. Con Dios metido bien adentro, realizarán maravillas.

Empieza por dar él un ejemplo convincente. Los Padres de la Comunidad saben que el Padre Hurtado se va a dormir muy tarde, a pesar del duro trabajo que ha desarrollado durante el día. Pero, antes del amanecer, ya estaba en la capilla, ante el Santísimo, absorto en oración y tratando con Jesús todos los asuntos de la jornada. La oración llenará después todos los momentos del día, en medio de una actividad febril por el Reino de Dios en su querida patria, de la que decía a sus muchachos:
– ¡Cómo me duele Chile! Tantas cosas que se podrían hacer en este lindo país si los chilenos fuéramos más hermanos. Los universitarios tenéis una tarea grande para construir una patria mejor.

Los jóvenes que le escuchan y le siguen se convierten en apóstoles de sus compañeros. Hablan, estimulan, conquistan: con fe, con alegría, con entusiasmo. Aunque el Padre Hurtado es exigente.
Una chica de familia bien ha salido del Colegio y se dedica a no hacer nada… El Padre le pregunta a la mamá:
– ¿Y qué hace su hija? ¿Qué es de ella?
– ¡Oh, muy bien, Padre! Está saliendo.
– ¿Que está saliendo? ¿Y qué clase de trabajo es ése? ¿No tiene otro quehacer una chica católica que estar saliendo a bailes y fiestas un año entero? ¿Acaso no hay campesinos en su finca para enseñarles a leer e instruirlos en el catecismo? ¿Y no hay pobres a algunas cuadras de su casa y enfermos en los hospitales, a los cuales puede visitar y ayudar?…
Tanta actividad social del Padre Hurtado le trae muchas incomprensiones: Si será un comunista solapado…, si favorecerá la revolución…, si es del todo recto en sus apostolados…

Para cerrar tantos interrogantes, al Padre Hurtado se le prohibe dedicarse a otro ministerio que a las confesiones encerrado en su iglesia. Allí se convierte en un consumado director de almas. Pero un día al atardecer sale a dar una vuelta en el bus por los barrios obreros y los alrededores de Santiago y se encuentra con la miseria de los más pobres. ¡No hay que cruzarse de brazos! ¡Hay que hacer algo por estos pobrecitos infelices! De ahí nace El Hogar de Cristo, la última actividad de su vida a favor de los pobres.
Y era interesante ver cómo las personas más distinguidas lo tomaron muy a pechos, ante la consigna del Padre, que les repetía: -El pobre es Cristo.
Los empresarios, que le preguntan: -Padre, ¿cómo organizamos la caridad de la manera más eficaz?
Las señoras ricas: -Padre, tenga estas joyas, que le irán bien para los pobres.

     Tiene cincuenta y un años, y un cáncer hepático lo planta ante la muerte. Su testamento espiritual lo podríamos sintetizar en estas palabras dirigidas a un seminarista que le acaba de visitar en el hospital: -¡Qué bien, chiquillo! Tú estás empezando y yo estoy ya terminando. Tú estás lleno de entusiasmo, pero acuérdate de esto: cuando se te acabe el entusiasmo, agárrate de la fe.

Ya sabemos, pues, lo que nos toca hacer a la vista de un santo tan querido: entusiasmo para trabajar por Cristo. Con fe, con mucha fe…

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