Santa Gema Galgani
8. enero 2016 | Por Padre Pedro Garcia | Categoria: SantosCuando presentamos a los Santos, sentimos especial gusto e interés por los Santos jóvenes y seglares, como nosotros. Los sentimos muy cercanos. Y esto nos va a pasar hoy con Gema Galgani, esa criatura tan preciosa de nuestro tiempo.
Nada más ver el retrato de Gema Galgani, una Santa moderna muy joven, pues murió al cumplir los veinticinco años, cualquiera queda prendido de esa cara angelical, tanto si te mira ella a los ojos con inocencia indescriptible, como si tú la ves a ella con la mirada clavada en el Cielo escrutando la infinitud insondable de Dios… Así aparece Gema en sus fotografías.
Hija de un farmacéutico de Lucca, en el centro de Italia, al quedar huérfana de padre y madre entra a formar parte de una familia que la quiere como una hija, y en esta familia pasará los años de su corta vida.
Si queremos saber lo que va a ser su vida entera, no tenemos más que leer lo que le pasó y escribió cuando su Primera Comunión.
Ante todo, la niña no deja parar a su padre y a ninguno, pues les dice machaconamente:
– ¡Dadme a Jesús! ¡Dádmelo, que me siento destrozada, y no puedo más, no puedo esperar más!.
No tuvieron más remedio que dejarla ir a un internado de Religiosas a preparase durante quince días para recibir a Jesús.
El sacerdote que preparaba a las niñas, les dice la palabra de Jesús en el Evangelio: Quien me come, vivirá por mí.
Gema lo capta a la primera, y se dice:
– Así, que cuando esté Jesús conmigo en la Comunión, ya no viviré yo más en mí, sino que en mí vivirá Jesús.
Comulgó. Y sintió la vida del Cielo. Ella, que nos ha hecho la confidencia anterior, sigue ahora:
– Entendí por primera vez lo que era vivir de Jesús. No lo puedo explicar. Jesús se hizo sentir fuertemente en mi alma, y comprendí en aquel momento que las delicias del Cielo no son como las de la tierra. Ya no quise tener otro deseo que vivir desconectada del amor del mundo y en continua unión con mi Dios.
¿Cómo es posible que escriba esto una niña de nueve años?…
En aquel retiro, le ocurre algo que va a tener una importancia decisiva en Gema. Pide a una maestra que le explique la Pasión de Jesús. Y es tal el sentimiento de la niña que no duerme en toda la noche, y el día siguiente se lo tiene que pasar en cama con fiebre muy alta. Su maestra ya no le quiso explicar más, para no verla de nuevo enferma.
Este es el gran mensaje de Gema para nosotros: Un amor indecible a Jesús, y así lo escribe:
– ¡Sin Jesús estoy destrozada! ¡Sin Jesús no puedo vivir!…
Es un estar unida siempre a la Pasión de Jesús, pues sigue diciendo:
– ¡Jesús, abrazo con gusto la cruz!…
Es un vivir de la Eucaristía, misterio en el que penetra con una profundidad indescriptible, y así dice:
– Quien come a Jesús vivirá de su vida. Paso enteras las noches pensando en estas palabras, muerta del deseo de comulgar.
Gema amó a Jesús con locura. Cuando escribe o habla, el nombre de Jesús lo repite continuamente. Entre tantas páginas suyas bellísimas, citamos sólo una como muestra:
Quisiera que mi corazón no palpitase, no viviese, no suspirase sino por Jesús. Quisiera que mi lengua no supiera proferir más que el nombre de Jesús. Quisiera que mis ojos no mirasen más que a Jesús; que mi pluma no escribiese más que de Jesús; que mis pensamientos volasen a Jesús únicamente. Muchas veces me he puesto a reflexionar si hay algún objeto en la tierra digno de mis afectos, pero no encuentro ninguno, ni en el cielo ni en la tierra, fuera de mi querido Jesús… Si probasen todos un solo instante el gozo que se experimenta al lado de Jesús, digo que no lo dejarían escapar nunca.
Gema fue una de esas almas escogidas por Dios para reproducir en ellas su Pasión redentora, y, como San Francisco de Asís o el Padre Pío en nuestros días, vio marcados en su cuerpo todos los tormentos de la Pasión. A los veintidós años, le aparecieron sangrantes las llagas en las manos, pies y costado; las rodillas y el hombro los tenía desollados; caminaba encorvada porque no podía con el peso de la cruz del Señor. Todo, igual que Jesús en su Pasión.
Pero la vida de su vida era Jesús Sacramentado. Escribe de Él de modo inefable:
– ¿Es posible que haya personas que no entienden lo que es la Eucaristía?… Es la Academia del amor. Es el paraíso de Jesús. ¡Voy a Jesús! ¡Vayamos a Jesús, que está solo, y ninguno piensa en Él! Jesús, ¿cómo no consagrarte todos los latidos del corazón, toda la sangre de las venas?…
Gema, joven que muere ya entrado el siglo XX, es un reto para nosotros.
¿Podemos tener otra ilusión mayor que Jesucristo? ¡Imposible!…
¿Podemos dejar de llevar con garbo la cruz de Jesucristo cada día? Imposible también, porque queremos seguir a Jesús con la cruz de nuestro deber…
¿Podemos dejar de comernos a Jesús, que se nos da como Pan de Vida en la Comunión? ¡Imposible, porque queremos vivir de Dios!…
Gema, muchacha tan joven y sabe impartirnos tan buenas lecciones…