Santa Soledad Torres Acosta

6. noviembre 2025 | Por | Categoria: Santos

Hay Santos que tienen muy pocas apariencias. Su vida no es llamativa. Pasan desapercibidos casi del todo. El mismo pueblo no les tiene una devoción especial, porque son escasamente conocidos. Y sin embargo, su vida y la misión que han cumplido en la Iglesia es un mensaje viviente que no pasa de moda, que resulta siempre actual y es un reclamo constante para la Iglesia y el mundo. Éste es el caso de Santa María Soledad Torres Acosta, la querida Santa que hoy se asomaque hoy compartimos con todos ustedes.
Y su mensaje es: ¿Ya saben lo que son los enfermos en su propia casa?…
Y repite la pregunta recalcando esa última expresión, que se la ha pensado bien: en su propia casa.
El Papa Pablo VI, al canonizarla, expresó esta misma idea: No podemos acabar sin invitar a un examen de conciencia que culmine en un propósito: ¿qué debe hacer cada uno para traducir los ejemplos que con gran actualidad nos ofrece esta Santa?…
Vayamos a los orígenes. La niña es muy viva. En una calle de Madrid, donde ha nacido y vive, encuentra siempre una imagen de la Virgen que le llama la atención. Es la Virgen de la Soledad. Y allí le lleva flores y le enciende una vela para que la Virgen no se sienta tan sola, pues en la flor y en la candelita encontrará siempre un corazón que la ama.

Una tarde de verano están de charla amigable varios personajes importantes, y recae la conversación sobre una dama ilustre que no puede hacer nada porque ha de cuidar a su hija imposibilitada, y la vida le es una tortura. Don Miguel escucha y piensa: ¿Y no podría haber religiosas que cuidasen de enfermos así?… Total, que se decide a fundar una Congregación con este fin concreto. Y, eso sí, la quiere iniciar con siete, para que sean como los Siete Fundadores de los Siervos de María. Empieza a reclutar voluntarias, se presentan sólo seis, y no hay manera de que venga la séptima. Al fin se presenta: una chica pequeña, menudita, de condición humilde…  No va a pegar con las otras seis, señoritas todas «bien», pero… era la séptima que se necesitaba.
Empieza la Congregación y la asistencia a los enfermos en sus casas.
Todo va de momento bien, pero Don Miguel se marcha a las Misiones de Africa, quedan las nuevas religiosas confiadas a su propia suerte, y una se marcha hoy, otra se marcha mañana. Al final, no queda más que una: aquella menudita y humilde que no querían aceptar… La Congregación se había deshecho. Sólo quedaba el resto de unas compañeras que habían entrado a formar parte en ayuda de aquellas seis primeras.

Soledad adivina su propia misión. ¡Ya seré yo quien lleve adelante una obra semejante! Dios no me va a faltar. ¿Con qué medios cuenta? Con ninguno, pero así se verá que es obra de Dios. La Congregación se llamará como la pensó Don Miguel: Las Siervas de María. Y les dice animosa a sus desalentadas hermanas: Seamos las últimas piedras del edificio que se desmoronen. ¡Pero  no vamos a caer!…
Cumplen con su misión desde el principio: la asistencia a los enfermos en sus propios domicilios, sin distinción de ricos y pobres, cuando los familiares no los pueden atender. Si los de la familia han pasado el día trabajando, ¿cómo van a pasar la noche, aunque se les parta el alma de dolor, al lado del enfermo que les necesita?…  No piden sueldo alguno, y se contentan con lo que se les da voluntariamente.

Soledad desconcierta a todos. Hay momentos en que no tienen nada. Después de pasar la noche junto a la cabecera de los enfermos, el día se hace interminable en una casa que carece de todo. -Madre, ¿qué hacemos aquí tantas horas? -Hija, pedir a Dios que aumente la comunidad. -Y si no tenemos qué comer, ¿para qué muchas hermanas? -Pues, para poder rezar más a fin de que la Congregación se extienda por todo el mundo.
¡Habrase visto monja soñadora! No pueden vivir en una sola casa de Madrid, y se quiere ir por toda la redondez de la tierra… Pero los santos son así. Como empieza a correr de boca en boca lo que son estas Siervas de María en el cuidado de los enfermos a domicilio, comienzan también a llover las peticiones…
Donde actúan las Siervas de María, los enfermos se ven acompañados, sin que les aterre ya la soledad. Y las familias se sienten aliviadas, porque al fin pueden dormir los que pasan el día trabajando, sin que el enfermo querido quede abandonado por la noche.

Aquí estará el mensaje de esta Santa calladita y el punto de examen que el Papa nos proponía a todos al elevarla a los altares: ¿qué hacemos con nuestros enfermos, los enfermos de la familia, que tantas veces nos ponen en serias dificultades? ¡Claro que los amamos! ¡Claro que los queremos bien atendidos! ¡Claro que nos imponen sacrificios!
Pero las circunstancias son a veces difíciles. Sin embargo, Dios no falta. Lo que nos pide es amor. Porque cuando hay amor, el amor se las ingenia, saca de todos los apuros y nos llena de bendiciones. San Pablo escribía a Timoteo: Si alguno descuida a sus seres queridos, en especial a los de su familia, ha renegado de la fe y es peor que un infiel.
Ciertamente, que esta amenaza de Apóstol no dice con quien ama a sus enfermos como nos enseña Soledad Torres. El enfermo en una familia no es una desgracia, sino una bendición. Los sacrificios que impone se traducen en gracias de Dios, en virtud cristiana, en ejemplo de fe, en testimonio viviente del amor, que está sobre todas las contingencias de la vida.

La soñadora de Santa Soledad Torres Acosta quería ver su Congregación por todo el mundo. Para cuando murió, sus hijas se habían diseminado por todo el suelo patrio y habían saltado allende el mar. Soledad había acabado con la soledad de muchos enfermos…

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