¿Jesucristo estorba?

19. enero 2018 | Por | Categoria: Narraciones Bíblicas

¿Estorba o no estorba Jesucristo en el mundo?… Si se nos hiciera a nosotros una pregunta como ésta, así, sin más comentarios, la creeríamos una injuria intolerable. ¿Es posible pensar tan siquiera que Jesús estorbe en el mundo, y que deba ser eliminado de la sociedad o de la comunidad internacional?…
Pues esto, que a nosotros ni nos pasa por la cabeza, se lo han planteado siempre muchos desde que Jesucristo hizo su aparición en el mundo.
El primero, Herodes: ¡Hay que matar a ese chiquillo!…
Después, los jefes del pueblo: ¡Debe morir!…
En la historia moderna, baste citar la consigna tristemente célebre del filósofo francés: ¡Aplastar al infame!… (Voltaire), la Iglesia de Cristo, que era como querer aplastar a Cristo en persona.
Y así siempre. Así ha sido, y así será. Aunque no deba ser así…

Los conciliábulos en torno a Jesucristo tienen su máximo exponente en la trama de los jefes judíos, descrita por Juan en su Evangelio.
Jesús ha realizado el milagro estruendoso de la resurrección de Lázaro, y esto a la vista de muchos judíos importantes, venidos de Jerusalén a Betania para dar el pésame a Marta y María. ¿Cuáles son las reacciones? De dos tipos, como es natural.
Unos, se rinden con sinceridad y sin miedos:
– Está ciego el que no quiera ver. Nosotros, creemos en este Jesús.
Otros, corriendo, a Jerusalén para informar a los jefes del pueblo, aunque parezca inconcebible:
– ¡Esto no puede ser! ¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en él.
Al celebrarse en Betania aquel banquete espléndido en casa de Simón el leproso, van muchos de los principales judíos para ver a Jesús a la vez que a Lázaro. Y nueva determinación:
– ¡Hay que liquidar a Lázaro igual que a Jesús!…

Hasta que interviene el sumo sacerdote Caifás:
– Sois unos imbéciles, que no entendéis nada. Aún no os habéis dado cuenta de que debe morir uno solo en vez de que perezca todo el pueblo. Jesús tiene que morir. Razón de estado. Si lo dejamos vivo, nos liquidan los romanos.
Mentía descaradamente, y él lo sabía. Pero, servilmente, están acordes todos, y resuelven al fin:
– Orden de arresto. Quien sepa dónde para ese Jesús, debe denunciarlo para prenderlo. Es cierto que el pueblo está con él. Por eso, llevar adelante el plan con discreción. Que no sea durante la Pascua, para que no se amotine la gente
Les fallará el último detalle. Jesús morirá precisamente en la Pascua, para tirar por tierra la Pascua antigua, provisional del todo, y dar paso a la Pascua nueva, definitiva, eterna. Dios les ganaba a listo…
Para aquellos jefes judíos, Jesús estaba de más. Estorbaba, y había que liquidarlo (Mateo 26; Marcos 14; Lucas 22; Juan 12)
Hoy, pasa lo mismo en tantos sectores del mundo. Jesucristo, su doctrina, sus mandamientos, sus consignas, sus promesas futuras, estorban…, y hay que eliminarlo también.
Contra su Persona no se puede, porque no se pone en las manos de sus enemigos, pues no va a bajar del Cielo para morir otra vez…

Pero, ya la pagará su Iglesia, transmisora de su mensaje. Mientras la Iglesia sea fiel a Jesucristo y predique la verdad, será perseguida y se tratará por todos los medios el eliminarla o al menos el paralizar su acción.
¿La Iglesia denuncia la opresión que padecen muchos pueblos?… No se la aguantará.
¿La Iglesia proclama la justicia social, sobre todo en el Tercer Mundo?… No será tolerada por los grandes imperios financieros.
¿La Iglesia condena la revolución armada, como solución equivocada e inaceptable?… No se estará conforme con ella.
¿La Iglesia grita contra el asesinato de los inocentes?… No será atendida su reclamación tan grave y se le perseguirá si es preciso.
¿La Iglesia señala el muro puesto por Dios al sexo desbordado?… Se le llamará retrógrada y se le combatirá descaradamente.
¿La Iglesia protesta contra el tráfico y la esclavitud de la mujer y de los menores prostituidos?… No se le hará ningún caso.
¿La Iglesia reclama la unidad, exigida por Jesucristo, frente a sectas que la destrozan?… ¡Que espere!

No podemos confiar en nada bueno mientras la Iglesia —o Jesucristo por la Iglesia, que es decir lo mismo— siga oponiéndose a los enemigos del Reino de Dios. Habrá que eliminar a Jesucristo, habrá que ir contra la Iglesia hasta acabar con ella. Los que así la atacan ven que es empeño inútil. Pero se ciegan lo mismo que los jefes judíos ante Jesucristo, el vencedor de la muerte.

Nosotros, nos limitamos a decirles a todos ésos: ¿No saldrían ganando si, en vez de empeñarse en lo imposible, se abrazan a Jesucristo que les llama y les busca para salvarlos? Nosotros nos limitamos a rogar por nuestros perseguidores, y a decirles con amor: Les esperamos…

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