San Antonio María Claret

4. diciembre 2015 | Por | Categoria: Santos

Pocos santos y apóstoles habrá tenido nuestra América de la talla de San Antonio María Claret, el Santo que hoy nos toca presentar. Más que nada, nuestra América es deudora al Santo por la gran profecía que lanzó durante el Concilio Vaticano, al que asistía como Arzobispo dimisionario de Santiago de Cuba.

Conocía nuestras tierras. Y oye al Obispo de Honduras contar las maravillas que su santo compañero, el Padre Subirana, había realizado en todo el territorio hondureño. Es entonces cuando Claret escribe su carta famosa, en la cual dice:
– En América hay un campo muy grande y muy feraz, y con el tiempo saldrán más almas para el Cielo de la América que de Europa. Esta parte del mundo es como una viña vieja, que no da mucho fruto, y la América es VIÑA JOVEN. Los Obispos que de allá han venido, a los que con mucho gusto he visitado y tratado, son muy instruidos y virtuosos y me inspiran mucha confianza. Yo estoy ya viejo y me hallo fatalísimo; pues, que si no fuera por esto, allá volaba.

Claret, español, tiene una vida muy compleja. Nacido en la industrial Cataluña, de joven es en Barcelona un joven trabajador, con grandes esperanzas de fama y de dinero en la industria textil. Pero, oye un día en la iglesia la palabra del Evangelio:
– ¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si al fin pierde su alma? 
El joven, de provenir brillante, tiene bastante con este aviso. Lo abandona todo, ingresa en el seminario, y, ordenado de sacerdote, se convierte en el apóstol de toda Cataluña primero, y después de las Islas Canarias. Durante diez años predica incansable de pueblo en pueblo. Se pasa horas y horas en el confesonario.
No se rinde nunca. A su Obispo le tranquiliza:
– No me canso, Monseñor. A mí me pasa como a los perros, que sacan la lengua, pero no se cansan nunca.
Y a los jóvenes universitarios:
– ¿Que no se entiende mi vida? Enamórense ustedes de Jesucristo y de las almas, y lo entenderán todo perfectamente y harán mucho más que yo.

Funda la Librería Religiosa, imprenta y editorial, la cual tira en nueve años más de diez millones de libros y folletos que inundan las tierras de habla española. Para perpetuar su trabajo, funda su Congregación de Misioneros, a los que da el nombre de Hijos del Corazón de María, pues no cabía otro nombre que el de la Virgen, de la cual es un enamorado perdido…

En 1850 es consagrado Obispo y destinado a la Arquidiócesis de Santiago de Cuba. Los seis años que va a permanecer en la Perla de las Antillas son casi de leyenda. Su trabajo no tiene explicación humana.
Siempre a pie, o a lo más montado en mula, recorre como obispo misionero cuatro veces su extensísima diócesis, que entonces ocupaba casi toda la isla, pues no tenía más que La Habana como obispado dependiente.
Sus misiones llenaban los templos a rebosar. Las horas de confesonario eran interminables. Se legitimaban por millares los matrimonios irregulares. La Iglesia cubana se renovaba de tal modo, que hizo escribir al Papa Pío IX:
– Levantando nuestros ojos al cielo, bendecimos al Señor que, en la necesidad tan grande de esa Iglesia, le ha suscitado un pastor según su corazón.

En el campo social desarrolla unas actividades sorprendentes. Mete el trabajo en las cárceles, para redimir a los detenidos. Para salvar a tanta joven, mima las escuelas y funda las Religiosas de María Inmaculada, las Misioneras Claretianas. Instituye en todas partes las Cajas de Ahorros, para fomentar el bienestar familiar. Funda la Granja agrícola de Puerto Príncipe, verdadero Instituto Laboral, con los adelantos más modernos de entonces.  

Lucha como un titán para eliminar la esclavitud de la gente de color. A un finquero explotador de sus trabajadores, le propina una severa lección. Quema en su despacho dos papeles, uno blanco y otro negro, y le muestra las cenizas:
-¿Podría usted distinguirme las cenizas del papel blanco y las del negro? ¿No?… Pues así somos todos iguales ante Dios, ante el que todos hemos de rendir cuentas.

Herido de muerte en Holguín, después de acabar uno de sus encendidos sermones, cura de puro milagro. Pero entonces el Papa, ante la petición de la Reina Isabel II que lo quiere como Confesor suyo, le recomienda que deje Cuba y pase a Madrid. Durante once años será el apóstol de toda España. Admirado, calumniado, y perseguido siempre, acabará su vida desterrado en Francia, después que en el Concilio Vaticano Primero defendiera como el Obispo más valiente el dogma de la Infalibilidad del Papa.

Su actuación en el Concilio fue el último servicio prestado a la Iglesia. Su disertación ante los Obispos de todo el mundo fue apasionada. Dejando los grandes discursos de alta teología, prefirió apelar al testimonio. Y señalando las heridas en el cuello y en el brazo causadas por el puñal asesino, exclama:
– Llevo en mi cuerpo las llagas de Jesucristo. Y estoy dispuesto a derramar toda mi sangre en defensa de esta verdad: el Papa es infalible cuando habla como Vicario de Jesucristo.
Un bello mosaico en el Vaticano donde resonó esta voz recuerda hoy al valeroso campeón de la fe.

Los americanos somos la Viña Joven de la Iglesia, profetizaba de nosotros San Antonio María Claret. ¡Qué bien, si damos los frutos de vida cristiana que Dios espera de nosotros!…

Deje su comentario

Nota: MinisterioPMO.org se reserva el derecho de publicación de los comentarios según su contenido y tenor. Para más información, visite: Términos de Uso