Sta. Mariana de Jesús Paredes
2. octubre 2015 | Por Padre Pedro Garcia | Categoria: SantosEn la hermana República de Ecuador, el 30 de Noviembre de 1946, la Asamblea Constituyente proclama un decreto que no extraña a nadie y entusiasma a todos: Mariana de Jesús Paredes es declarada Heroína de la Patria.
Pero, ¿cómo? ¿Qué ha hecho esta muchacha de veintiséis años para ganarse semejante honor nacional? Ni su padre, el bravo capitán, ha merecido una condecoración como ésta. ¿Qué ha hecho su hija para merecer ese reconocimiento de toda la República?…
La Asamblea había retrocedido tres siglos en la Historia ecuatoriana.
El año 1645, los temblores y terremotos eran continuos. Para colmo de desgracias, se echan epidemias que arrebatan muchas vidas.
Las calamidades son tremendas. Y aquella muchacha se ha arrodillado en la iglesia, ha elevado los ojos al Crucifijo, se ha unido al sacrificio de Jesús en el Altar, y le ha dicho a Dios:
– En reparación de tantos pecados que nos atraen tu justicia, y para alivio de los males que están devastando nuestra Patria, te ofrezco, junto con el de Jesús, el sacrificio de mi vida.
¿Sabrá esta muchacha lo que ha dicho a Dios? Porque Dios es serio, y le ha tomado la palabra. Mariana va a pagar por toda la República lo que Dios está reclamando a su pueblo.
Total, que desde aquel mismo instante cesan los temblores, desaparece la epidemia, y vuelve el bienestar a la Patria. Todos se preguntan:
– ¿De dónde viene este cambio tan repentino?
Sólo su director espiritual está al tanto de lo que ocurre. La gente empieza a respirar tranquila.
Pero, también en ese instante, Marianita —como la llaman todos cariñosamente—, se empieza a sentir mal, tienen que llevarla entre varios a casa porque no se puede ni tener en pie, la acuestan en cama, y después de dos meses de terrible enfermedad, se sube al Cielo entre la admiración y el agradecimiento de todos.
Desde entonces, Ecuador y toda nuestra América, llamará a Marianita La Flor de Quito, la flor más bella, —auténtica flor nacional—, y que en toda la Iglesia será conocida como Santa Mariana de Jesús Paredes.
La muerte de Mariana de Jesús fue la manifestación de una vida santa, transcurrida toda ella en su propia casa, oculta a los ojos de todos, aunque todos admiraban la inocencia, la amabilidad, la dulzura de aquella chica tan buena, tan devota en la iglesia y tan cariñosa y servicial con todos.
De niña, a los cuatro años, ya es huérfana de padre y madre. Son ocho los hermanos, Mariana es la más pequeña de todos, y su hermana mayor con su esposo van a ser los papás que cuiden de la chiquilla.
Es lista, precoz. Y con una primita suya quieren repetir la aventura de Teresa de Avila, escapándose de casa para ir a evangelizar a los indios Mainas. No las dejan, naturalmente, y entonces piensa en retirarse a vivir solitaria en la falda del volcán Pichincha, para pedir continuamente a la Virgen que el volcán no sea nunca un peligro para la región. Desde luego, que tampoco la dejan.
Mariana va de fracaso en fracaso cuando quiere hacer algo grande por el Señor. Y es que el Señor la quiere grande precisamente en cosas muy pequeñas, en la vida del hogar.
Hace una nueva y última tentativa: quiere ser religiosa Dominica o Franciscana, y tampoco lo consigue. ¿Entonces?… ¡Pues, se queda en casa, y en paz! Dios cuidará de hacerla una santa, que es lo que ella pretende.
Más de uno ha preguntado alguna vez, admirado:
– Pero, ¿quién toca la guitarra y quién está cantando?
– ¡Oh!, es Marianita…
Y es que Mariana, alegre, festiva siempre, amante de la música, canta maravillosamente y hace sonar con maestría la guitarra, el clavicordio y la vihuela.
Además, cose y borda que es un primor.
Y en los estudios, aplicada siempre, demuestra un gran talento y un ingenio agudo.
Es natural que una chica así sea muy querida de todos, y ella se previene haciendo en privado el voto de castidad, pues quiere vivir consagrada a Dios en su propia casa. Será siempre una seglar con corazón de religiosa.
Porque sus directores espirituales, los Padres Jesuitas, le manifiestan cuál es la voluntad de Dios, bien clara después de todos estos intentos y otros tantos fracasos para seguir la estrella de su vocación:
– Tu puesto está en tu propia casa. Ahí tienes que santificarse. Esto es lo que quiere Dios de ti.
Aunque le aconsejan también que se haga Terciaria de San Francisco.
Ella misma se construye su propio convento en el piso superior de la casa.
Es un departamento dividido en tres estancias: una salita para trabajar, un aposento oratorio para rezar, y una alcoba para dormir.
Ella tiene la llave de todo, y nadie le va a estorbar en su vida de trabajo, de oración y de penitencia.
Y orando por todos, haciendo penitencia durísima, aconsejando a quienes le consultan cosas del espíritu, y trabajando discretamente en algún apostolado, pasará su corta vida, siempre querida de todos, y adorada después por la Patria, a la que salvó de un gran peligro ofrendando generosamente su vida a Dios.
¡Santa Mariana de Jesús Paredes, Flor de Quito, orgullo de nuestra Iglesia Latinoamericana!…