Jesús, el Hijo de María

7. septiembre 2017 | Por | Categoria: Jesucristo

¿Recordamos una vez más una letrilla navideña? Aquella que canta tan ingenuamente, y tan profundamente, el origen de Jesús:
Dime, Niño, ¿de quién eres, – todo vestido de blanco? – Soy de la Virgen María – y del Espíritu Santo.
Ingenua cuanto queramos la coplita, pero no puede decirnos con mayor precisión lo que es Jesús, con una interpretación nacida de la entraña del pueblo creyente y cristiano.

Es Jesús el Hijo de Dios Padre, el cual no ha querido compartir con nadie su paternidad divina.
Es Jesús una hechura del Espíritu Santo, que se ha encargado de todo el asunto de la Encarnación.
Y es el Hombre nacido de la más bendita entre todas las mujeres. Jesús, el Hijo de María.
De este modo, comentará el gran teólogo de María San Anselmo, “Dios se hizo de María un hijo. No otro hijo, sino el mismo suyo. Para que fuese uno y el mismo Hijo natural y común de ambos, Hijo de Dios e hijo de María”.

¡Hay que ver lo que entrañan estas palabras! Jesús llamaba a María “¡Madre!” , “¡Madre mía!” con el mismo cariño y con la misma verdad con que llamaba a Dios “¡Padre!”, “¡Padre mío!”…

¿Traemos las palabras de otro grandísimo teólogo, como es San Buenaventura?… Dice con verdadera maestría: -Descendió sobre María el Espíritu Santo, que inflamó su alma y santificó su carne con perfectísima pureza. Y en un punto, por obra del Altísimo, fue formado el cuerpo, creada el alma, y, uno y otra unidos al Verbo, quedó Jesucristo hecho Dios y hombre.

Hubo herejes que negaron la realidad del cuerpo de Jesús, como si hubiera sido un fantasma durante treinta y tantos años… María, en ese caso, no hubiera sido madre ni muchísimo menos. Si eran un fantasma y una mentira el cuerpo de Jesús, hubiera sido también fantasma y mentira la maternidad de María.
Dejemos a esos locos con sus locuras. Nosotros, confesamos con el Credo una verdad fundamental de nuestra fe cristiana y católica:
– Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen.

Esta profesión de nuestra fe es la expresión del Evangelio de Mateo, cuando narra el origen humano del Señor: -María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo (Mateo 1,16)
A este propósito comenta nuestro gran teólogo y escritor clásico Fray Luis de León, con lenguaje que resulta una delicia:
– La sangre de la Virgen fue la flor de la sangre que compuso todo el cuerpo de Cristo. Y no sólo aquella sangre virginal le compuso mientras estuvo en el vientre sagrado, mas, después que salió, le mantuvo convertido en leche en los pechos sagrados.
Jesús ha sido el único hombre que ha podido prepararse una madre a su gusto. ¡Y vaya Madre que se preparó el era Dios!… Otro escritor de nuestra literatura de oro (Antonio Alvarez) lo expresaba también con un lenguaje precioso:
– De las entrañas de María salió el Corazón que trajo en sí mismo engastado el propio Corazón de Dios. De aquí se cortaron aquellas entrañas que fueron engaste de las entrañas de Dios. Pues Corazón que había de dar Corazón al propio Corazón de Dios, y entrañas que habían de dar entrañas para las propias entrañas de Dios, ¿qué Corazón y qué entrañas habían de ser?…  

Oír de María lindezas como éstas nos encanta a todos. Pero el pensamiento se va espontáneamente a las madres cristianas.
Ellas se deben sentir más orgullosas que nadie, al ver a María, una mujer y una madre como ellas, tener un Hijo como el que María tuvo.
Y al hablar con Jesús le deben decir —no sé, me imagino que se lo dicen así—: ¡Vaya gusto que tuviste, Jesús! ¡Y vaya honra que nos dispensaste a las mujeres, cuando quisiste nacer de una Mujer tan bien escogida!…

Jesús no fue solamente hijo de María por haber nacido de Ella, sino que lo fue en el sentido pleno de la palabra al haberse dejado formar por María como hombre. En esto, fue en todo igual que cualquiera de los hombres sus hermanos. Hasta su pleno desarrollo, dependió de María en todo. De la mano de María dio los primeros pasitos el chiquitín. De los labios de María aprendió a balbucir las primeras palabras. De María, sobre todo, copió aquellos sentimientos tan nobles, tan delicados, tan bellos, que hicieron de Jesús el hombre y el caballero más arrebatador que ha pisado la tierra.

Ese Jesús, hijo de María, es el hermano y el amigo nuestro. Un gran teólogo y místico moderno lo entendió así, y con una plegaria famosa le pedía a la Virgen que nos forme a nosotros como formó a Jesús:

Santa María, Madre de Dios                            Hazme un corazón manso y humilde,
consérvame siempre un corazón de niño,    que ame sin esperar nada,
puro y transparente como una fuente.          feliz de perderse en otro corazón
Dame un corazón sencillo                                delante del ded tu Divino Hijo;
que no saboree las tristezas;                            un corazón indomable
un corazón magnífico para darse;                  al que ninguna ingratitud lo canse;
tierno en la compasión;                                    un corazón atormentado
un corazón fiel y generoso,                              por la gloria de Jesucristo,
que no olvide ningún bien                               herido por su amor, y cuya llaga
y no conserve rencor de ningún mal.            sólo se cierre en el Cielo.
Así sea                                                                               (Leoncio de Grandmaison)
     
¡Qué bella plegaria! ¡Qué copias de Jesús es capaz de hacer aquella Madre que así formaba en Nazaret al Hijo que Dios le diera!…

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