Segundo Domingo de Adviento (B)

5. diciembre 2014 | Por | Categoria: Charla Dominical

¿Para qué va a venir Jesús al mundo en la próxima Navidad?
El mundo se ha alejado de Dios. El pecado lo ha sumido en la ruina de la condenación. Por todas partes no han resonado durante siglos más que lamentos. ¿No habrá salvación posible?… Hoy viene Marcos con las primeras palabras de su Evangelio a darnos la esperanza más cierta. A decirnos con toda seguridad que no hay caso para nuestra desesperación, porque Dios nos quiere salvar. Y comienza así su escrito encantador, repitiendo las palabras de Pedro, de quien es discípulo y secretario:
– Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

¿Somos capaces de desentrañar la riqueza de estas cinco palabras?…
Apenas escritas, nos presenta Marcos al pregonero que aparece en el desierto, junto a las márgenes del Jordán. Es el austero profeta Juan Bautista, que anuncia:
– Soy el mensajero que viene a preparar el camino del Señor. ¡A convertirse todos, para que se perdonen sus pecados! El que viene detrás de mí es más fuerte que yo, que les bautizo con agua, pero Él los va a bautizar con Espíritu Santo.
En el antiguo Oriente, cuando un rey iba a visitar los pueblos se hacía preceder por el pregonero, que gritaba a todos:
– Dispongan bien los caminos para que corra sin dificultad la carroza del rey, ¡porque viene, el rey viene a visitarles!

Este es el papel de Juan: anunciar a Jesús que llega, y con Él la salvación de Israel y del mundo entero.

En el enunciado de Marcos y en las palabras de Juan vemos sintetizada y resumida toda la economía de la salvación.
“¡Principio!”, nos dice Marcos. Todo lo anterior ha pasado. Ahora, a fijarse solamente en lo que viene. Y esto que dice al mundo es un santo y seña para todo creyente. Al judío de su tiempo le venía a decir que se dejase ya de la ley antigua, la cual no era sino una preparación para lo que tenía que venir. Igual que le dice hoy al cristiano: -¡A dejarse de todo lo anterior, que no te ha traído más que angustia! ¿Qué ha sido la vida pasada? ¿dolor? ¿pecado? ¿miedo a Dios?… ¡Empieza a levantar los ojos a la esperanza! Porque te comunico la Buena Noticia, y una noticia buena es siempre causa de gran alegría.

¡Buena Noticia! Esto significa la palabra “Evangelio”, el Evangelio que Cristo nos vino a enseñar.
¿Y como no va a ser Buena Noticia, si este Evangelio es Jesucristo? Jesús, el Cristo, es el Evangelio, el Evangelizado y el Evangelizador.
La Persona de Cristo encarna el Evangelio. Porque Él es la Palabra de Dios, la Verdad de Dios, el gran mensaje de Dios. Con Jesucristo nos ha dicho Dios todo, y ya no tiene nada más que comunicarnos. Jesucristo es la última palabra que Dios ha podido dirigir al mundo.
Entonces, no hay que buscar nada más que a Jesucristo, pues todo el que venga detrás arrogándose el título de Maestro y Salvador, es un mentiroso.

Este su Evangelio lo va a enseñar el mismo Jesús. Porque sólo Jesucristo es capaz de conocerse y de revelarnos quién es El. Después, nosotros iremos repitiendo lo que El nos enseñó de su Persona, de su misión y de sus enseñanzas. El “Evangelizador” primero es el mismo Jesucristo.

Del mismo modo, Jesucristo es también el “Evangelizado”. Todo lo que nosotros enseñamos no es más que la Persona de Jesucristo. Como Pablo, nos gloriamos de no conocer más que a Jesucristo y de anunciar a Jesucristo solo.

¿Cómo podría ser de otra manera, si Jesucristo es el “Hijo de Dios”?… Aquí está todo. El que niegue que Jesús sea Dios es un anticristo.
Y en el mundo de hoy, por desgracia, son muchos los despojan a Jesús de su primera prerrogativa. Lo quieren un superhombre, un revolucionario social, un ejemplar dechado de toda perfección, el hombre más cabal que ha existido. Pero, eso de que sea Dios…, ya es otra cosa. Esto, ya no lo pueden aceptar.
Contra esa tendencia tan peligrosa y tan perniciosa, nosotros alzamos vigorosamente nuestra voz y proclamamos: “¡Jesucristo es Dios, Hijo del Padre, Dios verdadero de Dios verdadero!”.

Siendo esto así, nosotros queremos ser como Juan el Bautista: unos anunciadores que van siempre proclamando y testificando el Evangelio, que es el mismo Jesús. Como Juan, señalamos con el dedo a Jesús ante todos los que nos ven y nos oyen, y les decimos:
– Queremos una vida nueva, digna de Jesucristo, el Rey y Salvador que nos viene.
– Invitados a la conversión, nos volvemos decididamente a Dios, para formar y ser de veras su pueblo santo, que observa la ley divina de la gracia, de la pureza, de la justicia y del amor.  
– El Evangelio es la buena y gran Noticia anunciada por Dios. ¡La salvación la ha puesto en nuestras manos! La tristeza no cabe en nuestros corazones.
– Jesucristo, el Hijo de Dios, es la cifra de nuestros ideales. En Jesucristo lo tenemos todo:
el Camino que nos lleva seguros hasta el fin, sin desviarnos ni a la derecha ni a la izquierda y sin pérdida posible hasta dar con la frontera de la Patria;
tenemos la Verdad que no miente, y no permite que nuestras mentes se oscurezcan con las nubes del error;
poseemos la Vida que no muere, porque lleva entrañada la eternidad de Dios.

¡Señor Jesucristo!
Todo esto pensamos de ti, todo esto creemos, y todo esto ⎯pregoneros tuyos como Juan⎯ lo proclamamos sin descanso a la faz del mundo, aunque parezca que predicamos en desierto.
¡Haz que todos te hagan y nos hagan caso, Señor!…

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