Dos actitudes de Dios

25. agosto 2014 | Por | Categoria: Dios

Muchas veces nos viene a la mente esta pregunta:  -Si Dios es tan bueno, ¿cómo es que hay tantos que le tienen miedo y procuran esconderse de Dios? ¿Hacen bien? ¿No harían mejor en aparecer ante Dios siempre con cara risueña?… Una explicación de este fenómeno la podríamos encontrar, sólo como una comparación, en lo que le ocurrió a un magnífico pintor y retratista inglés.
El pintor era paralítico. Con sus cuadros había hecho su dinerito, con el cual vivía holgadamente. Un ladrón, que conocía el caso, sabía que el artista no podía alzarse de su silla de ruedas, y se supo aprovechar muy bien. Asalta el estudio cuando no había nadie más en la casa, roba al pintor todo su dinero y cuanto podía serle de provecho, y se marcha despidiéndose con una sonrisa burlona:
– ¡A ver si saben después quién soy y me pilla la policía astuta!…
El ladrón no se daba cuenta de que el pintor le ganaba a listo. Con una retentiva enorme, se fija bien el los rasgos del intruso, pinta después un retrato que le salió de maravilla, hace llamar a los gendarmes, les cuenta la historia y les entrega el retrato, con sólo dos simples palabras:
– Este es.
El inteligente ladrón, que esta vez se las pasó de listo, supo durante mucho tiempo lo que era dormir entre rejas y sobre una cama muy dura…
Esa actitud extraña que muchos asumen respecto de Dios radica precisamente en esto: saben que con Dios no van a poder jugar, porque la retentiva de Dios es muy superior a la del pintor inglés. Dios lo capta todo, lo retiene todo, lo conserva grabado todo, para sacarlo todo a relucir un día, que llegará…  
No está mal ese temor prudente, con tal que no degenere en un miedo sin sentido.
Cuando en el Sínodo de los Obispos de Europa se observaba con tanta preocupación la secularización progresiva y tan peligrosa de las naciones europeas, se levantaron en el aula voces muy autorizadas que pedían volver a la predicación seria de las verdades eternas en la nueva evangelización, pero levantando siempre la esperanza hacia un Dios que es ante todo Padre, que ama y que quiere salvar.
Porque si bien es verdad que Dios será un Juez al que nada malo le habrá pasado por alto, también es cierto que Dios retiene muy bien y con mucho más cuidado y más solicitud todo el bien que se ha hecho. Dios es un experto único para notar con su mirada y después anotar con su pluma divina en el libro de la vida el más pequeñito bien que por su amor se haya practicado.  
Fue ésta una de las más ricas enseñanzas de la joven Doctora de la Iglesia Teresa del Niño Jesús, que nos dejó estas palabras tan sensatas y confortadoras:
– Aunque tengamos que ser muy puros para comparecer ante la santidad de Dios, también sé que este Dios es infinitamente justo; y esta justicia que infunde miedo a tantas almas, es precisamente para mí objeto de alegría y de confianza. Ser justo significa no solamente usar de severidad con el reo, sino también reconocer las rectas intenciones y premiar la virtud. Yo espero tanto de la justicia de Dios como de su misericordia.

Un Médico alemán que había sido muy buen católico, cumplidor, piadoso, poco a poco se fue alejando de Dios hasta dejarlo por completo y convertirse casi en enemigo suyo. Había entonces en Alemania una señorita llamada Ana Catalina, favorecida de Dios con grandes gracias místicas, y el Doctor presumido quiso desenmascararla como una impostora. Va a verla, y Ana Catalina, sin decirle una palabra, le señala una silla.
El Doctor se sienta. Pero ante la mirada de la joven, se pone a temblar, porque ella le empieza a contar toda su vida. Sin embargo, él se tranquiliza pensando: -Bueno, bueno, esto lo debe saber por referencias que le han contado de mí. No hay por qué asustarse…
Pero llega un momento en que Ana Catalina le cuenta algo tan íntimo que era imposible saberlo por medio humano, porque estaba metido solamente en lo más hondo de su conciencia. -¿Cómo es posible esto?, se dice aturdido.
Era la voz de Dios, que venía a decirle: -Lo sé, lo sé. Te lo digo para que vuelvas a mí, que soy amor y te espero (Ana Catalina Emmerich al Dr. Wesener)

Esta es la verdadera actitud de Dios. Amar y salvar. Amar siempre al hijo descarriado, y salvar, salvar siempre hasta el fin, mientras haya un hilillo de esperanza. ¿A qué viene entonces el miedo de Dios?…
Si queremos entender esa justicia de Dios, miramos a Jesús Crucificado. El castigo lo descarga sobre su Hijo, y éste, con su “¡Perdónalos, Padre!”, deja desarmado al Dios que lo sabe todo.

Y deja también muy despierto al Dios que quiere premiar a manos llenas. La otra joven Doctora de la Iglesia, Catalina de Siena, se encuentra con un pobre que le pide limosna.
 -¡Ay, cariño! No tengo nada, nada, nada que darte…
Pero, discurre un momento:
-¡Ah, sí! Mira, llévate esto.  
Se quita la crucecita de plata que llevaba colgada en su rosario, y se la da al mendigo. Mientras oraba el día siguiente, se le aparece Jesús, y le muestra una crucecita:
-¿La conoces? -¡Oh, sí! Es la que yo le di al pobre. Pero ahora vale mucho más, es mil veces más hermosa.
 -¡Claro que vale más! Estas piedras preciosas que ahora lleva incrustadas son el amor que tú pusiste cuando se la diste tan generosamente. Te la devolveré otro día…
La joven Catalina hubo de esperar hasta su muerte en el tribunal de Dios para recuperarla…

Preciosa leyenda de Catalina, que nos dice lo que de veras es Dios con las criaturas que salieron de sus manos. Si su justicia está al tanto y observa mejor que el pintor inglés, su bondad le traiciona siempre, nada más ve un poquito de buena voluntad. Es cierto que el que juega a las malas con Dios, pierde siempre. Pero el que juega a las buenas, ¡vaya ganancias que se lleva!…  

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