Iglesia y Eucaristía

21. mayo 2014 | Por | Categoria: Iglesia

Por muchos temas que queramos buscar para estos nuestros mensajes, no hallaremos nunca ninguno de la importancia y de la fecundidad que tiene la Eucaristía. Porque en la Eucaristía tenemos presente a Jesucristo. Ese Jesucristo, el Mediador entre Dios y los hombres, que nos lleva continuamente a Dios. Y lo hace personalmente presente entre nosotros. Dios y Jesucristo su Enviado llenan todos nuestros mensajes. Pero a Jesucristo lo queremos entre nosotros así, personalmente como lo está en la Eucaristía.

Cuando queremos hablar de la Iglesia se nos va el pensamiento sin más, sin pretenderlo, sin buscarlo, a la Misa del domingo. Esto es cierto. Y si nos hablan de la Misa, inmediatamente pensamos en la Iglesia que se reúne en el templo. Cosa también muy cierta. ¿Por qué será?…

La respuesta no deja de ser sencilla. Porque la Eucaristía es la vida de la Iglesia, y la Iglesia celebra siempre la Eucaristía. Iglesia y Eucaristía son inseparables. Si celebramos la Eucaristía, nos sentimos Iglesia. Y si vivimos la Iglesia, celebramos la Eucaristía.

Todo esto se ha sintetizado felizmente en este dicho tan certero:
– La Eucaristía hace Iglesia, y la Iglesia hace Eucaristía.
Así nos lo propone hoy el Catecismo de la Iglesia Católica (1396), al afirmar:
– La Eucaristía hace Iglesia. Los que reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia.

Nuestros Obispos de América nos lo dijeron también muy categóricamente en Puebla (3238):
– Se puede decir que donde hay Eucaristía hay Iglesia.
Al hablar así, nosotros, los católicos de nuestra América, nos sentimos felices. Porque nos hablan de dos amores que llevamos tan entrañados en el alma.
Si pensamos en una colaboración que podemos prestar a la Iglesia en el apostolado, nunca encontraremos otra mayor que participar en la Eucaristía. Nuestra presencia será testimonio y reclamo para muchos.
Si queremos hacer el mayor bien a muchos hermanos, no les podremos hacer otro mayor que llevarlos a Jesús, que los está esperando en su Mesa, convite de su amor.

El Papa Pío XII, cuando canonizó a San Pío X, el Papa de la Eucaristía, les decía a los sacerdotes:
– Su obra no será sacerdotal si pone en segundo lugar su vocación eucarística. Por lo tanto, oriente hacia el sol eucarístico toda su actividad y su apostolado.
¿Son éstas palabras sólo para nuestros sacerdotes? ¿O son válidas también para nosotros, los laicos?
Corresponsables de la vida de la Iglesia, somos nosotros los que con nuestros pastores nos empeñamos el llevar a todos hacia Cristo, personalmente presente por la Eucaristía en medio de su Iglesia. Es el mejor de nuestros testimonios. Es el mejor de nuestros apostolados. Mientras nosotros nos llenamos de Cristo, fortalecemos grandemente la vida de la Iglesia.

San Juan María Vianney, el Cura moderno más famoso, llega a su pueblecito y se encuentra con la gran calamidad de su tiempo: que no se comulgaba. El buen Cura se empeña en conseguir lo que tanto costaba. Va a confesarse con él la muchacha buena de un pueblo vecino, y le manda el Padre:
– Hija mía, en adelante vas a comulgar cada mes.
Un susto fenomenal de la muchacha, que responde:
– ¡Padre, si eso no se hace en mi pueblo!
El Cura le replica de modo contundente:
– Pues, empieza a hacerlo tú.
Le costó a la chica obedecer. Pero lo hizo. Y volvió a confesarse con el Santo.
– Hija, en adelante vas a comulgar cada domingo.
Nuevo susto, y más fuerte que el de la otra vez:
– ¡Pero, Padre! Si todo el mundo ya me señala porque lo hago cada mes, y me muero de vergüenza.
El Padre es comprensivo, pero no cede:
– Mira, para que no tengas tanta pena, escoge a algunas de tus compañeras, y lo hacéis todas juntas.
Al cabo de algún tiempo, el Párroco de la muchacha se le presenta al Santo, y le dice:  
– ¡Gracias! Hoy en mi pueblo comulga toda la gente por el ejemplo de esas chicas. Usted, con la Comunión, me ha renovado toda la Iglesia Parroquial.

Esto se puede repetir en cada una de nuestras iglesias, si promovemos la participación en la Eucaristía.
Porque Jesucristo irá reuniendo en torno a Sí a todos sin distinción, a ricos y pobres, a sanos y enfermos, a señores y criados, a los de un color y otro, formando todos una sola Iglesia, escuchando la misma Palabra, comiendo el mismo Pan, y sin más dueño y Señor que el mismo Jesucristo.

Como las fibras del hilo que forman una tela; como las gotas de agua que forman un mar; como los granos que forman una espiga; como tantas espigas que forman un pan; como los granos que forman una uva; como las ramas que forman un árbol; como los miembros que forman un cuerpo…, así nosotros, todos unidos en torno a Jesucristo, que nos congrega en la Eucaristía, formamos una Iglesia, la Iglesia del Señor…

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