¿Un Dios escondido?…

14. abril 2014 | Por | Categoria: Dios

Hay un texto llamativo de la Biblia en el cual el profeta Isaías le dice a Dios: “Verdaderamente tú eres un Dios escondido e invisible, un Dios misterioso, Dios de Israel, Salvador nuestro” (Isaías 45,15)
Pero, se nos ocurre preguntar: ¿Se esconde tanto Dios, de modo que no adivinemos su presencia? ¿Y no nos pasa al revés, es decir, que Dios se manifiesta tanto que es un imposible no verlo? Basta abrir los ojos para encontrarse con Él a cada paso y en cualquier momento. Sin la palabra DIOS y sin el pensamiento de DIOS no tienen explicación las cosas que nos ocurren en cada instante.

Sin embargo, son muchos los que niegan a Dios, aunque, para no decirlo abiertamente, se acogen a una  palabra algo bonita, con aire de filosofía, y dicen que son “agnósticos”, con lo cual disimulan su ateísmo.
Otros, sin negar a Dios, y sin mala voluntad, nadan en la duda angustiosa.
Son también muchos los creyentes, que, a pesar de no fallar nunca en la fe, sufren tentaciones contra la fe, tentaciones a veces muy dolorosas, porque les asaltan sin ellos querer. Todos éstos necesitan ayuda.

Los que niegan sin más a Dios, para que no digan que no se les quiso tender una mano cariñosa y pudieran salir de su deplorable estado.
Los que dudan contra su propio querer, para que salgan generosamente de su angustia.
Los buenos que padecen la tentación, para hacerles saber que Dios se complace en ellos tanto más cuanto más apurados se ven.

Nosotros ahora queremos seguir las huellas de ese Dios que se empeña en esconderse y no lo acaba de conseguir, porque nos topamos con Él en cada rincón donde se quiere ocultar. Y si no, vamos  las pruebas.
-Desde que sabemos que un día apareció en el mundo un hombre llamado Jesús, y conociendo su vida por libros de autenticidad indiscutible, ¿podemos negar que Dios estaba en Él, y que Él era Dios?
-Desde que vemos la Iglesia y conocemos su historia, sus Pastores, sus Santos y sus Mártires, su pervivencia durante dos mil años, ¿podemos no ver a Dios en ella, ya que sin Dios la Iglesia sería ininteligible?
-Desde que conocemos la doctrina cristiana, tan superior a toda filosofía, igual que la moral enseñada por el cristianismo, ¿se atreve alguien a asegurar que esa doctrina y esa moral no vienen de un Ser superior, de fuera de la humanidad, y al que llamamos Dios?
     -Desde que sentimos dentro de nosotros la presencia misteriosa de Alguien diferente de nosotros, que nos envuelve con su Gracia trayéndonos tanta paz, o que nos llama a gritos en nuestra conciencia, ¿nos atrevemos a decir que no existe nadie fuera de nosotros, cuando lo sentimos tan adentro?

     Estas preguntas las hacemos a partir de Jesucristo, cuya existencia histórica nadie puede negar. Pero se pueden hacer las otras preguntas clásicas, a partir de la contemplación de la Naturaleza.
-Desde que Dios colocó los astros en el firmamento, ¿puede esconderse Dios y negar su presencia?…
-Desde que sabemos por la misma ciencia que el universo tuvo un principio ⎯hoy los sabios lo llaman el “Big Bang”, o el gran estallido⎯ ¿puede Dios ocultar su eternidad, existencia anterior a todo lo que existe y ven nuestros ojos?
     -Desde que sabemos por la Historia que todos los hombres de todos los pueblos y de todos los tiempos han creído en un Ser supremo, ¿puede Dios ocultar su presencia en el mundo, de modo que todos los hombres se hayan engañado?…

Sí; Dios es un Dios escondido, pero se esconde de tal manera que aparece con luz meridiana a los ojos de quien lo quiere ver. Por sus obras, por su acción, por su palabra transmitida en Jesucristo, sabemos quién es y cómo es Dios. Nos falta únicamente verlo cara a cara. Pero éste va a ser el premio de quienes lo han aceptado antes por la fe. Aquí viene la palabra de Jesús el resucitado al apóstol incrédulo: “Tomás, tú crees ahora porque has visto. ¡Dichosos los que sin haber visto han creído! (Juan 20,29)

A un pensador y filósofo de primera magnitud debemos esa comparación que no pasa de moda: No hay reloj sin relojero ni mundo sin Creador. El filósofo lo dijo con estas palabras: Yo tengo la prueba de la existencia de Dios en este bolsillo. Y, al decirlo, mostraba el bolsillo donde llevaba el reloj (Jaime Balmes). En el reloj no se ve nunca al relojero; pero el relojero aparece en nuestra mente cada vez que vemos el reloj. Dios no se ve nunca en la Naturaleza; pero cada vez que vemos algo ⎯lo mismo el sol inmenso que una flor o un pajarito⎯ se alza Dios en nuestro pensamiento. Dios se esconde, pero lo sentimos siempre.

Por eso, cualquier espíritu fino ⎯y nosotros queremos ser almas muy finas⎯ trata de descubrir a Dios el todas las cosas. Un poeta lo cantó de esta manera tan delicada y elegante: De que mire las estrellas – no estés celoso, mi Dios; – que quiero perderme entre ellas – para encontraros a Vos (Verdaguer)

Saber hallar a Dios en medio de las ocupaciones y elevar a Dios el pensamiento y el corazón viene es la cumbre de la perfección cristiana. Nuestra Teresa de Ávila lo expresó de manera inmortal, tantas veces repetida. A sus monjas que querían rezar en el coro y no podían porque habían de hacer la cocina, las consoló diciendo: Hermanas, sepan que entre los pucheros anda Dios.

Ese ver a Dios en todo lleva a las alturas de la contemplación divina, como lo expresaba aquel indito de nuestras tierras cuando se quejaba a Dios: Mi Diosito querido, ¿por qué no me dejas ver tu cara, con lo bonita que debe ser?… El buen indígena no hacía más que suspirar a su manera como aquel de la Biblia (Salmo 42,3): ¡Cuándo veré el rostro de mi Dios!… Esto solamente es capaz de decirlo quien se ha acostumbrado a descubrir a Dios en todos sus escondites…

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