La batalla final

2. abril 2014 | Por | Categoria: Iglesia

Pocas lecciones sobre la Iglesia habrá tan apasionantes como la de la Iglesia perseguida. Como también, la lección sobre la batalla última, con que la Iglesia acabará victoriosa una guerra de muchos siglos y quizá de bastantes milenios. Que la Iglesia ha sido siempre perseguida desde el principio es un hecho histórico innegable. Que seguirá siendo perseguida es también cierto, porque nos lo dice la Palabra de Dios y hasta el sentido común. Jesús nos previene:
– Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros.
Ha sido así y así será siempre.

Porque es imposible que liguen el espíritu de Jesucristo y el espíritu del mundo. El mundo rechazará siempre a Jesucristo. Y Satanás no dejará de combatir por todos los medios a Jesucristo.
El Apocalipsis con que acaba la Biblia, bajo imágenes sorprendentes, no tiene otro argumento que éste: la lucha del dragón contra la Mujer y su Hijo. Es decir, Satanás y todos los imperios del mal contra Jesucristo y su Iglesia. Las batallas serán muchas veces desiguales, pero la guerra la ganará definitivamente Jesucristo. Por lo mismo, nosotros gritamos desde el principio y con la convicción más profunda: ¡Viva la esperanza!…

El Catecismo de la Iglesia Católica nos hace una síntesis muy interesante sobre la última prueba de la Iglesia. A la luz de lo que nos dijeron Jesucristo y los Apóstoles, ¿qué debemos pensar de la batalla final? (675-677)

Ante todo, siempre se han considerado anticristos a todos los perseguidores de la Iglesia, los falsificadores de su doctrina, los que la rasgan metiendo en ella la división. Nos dice San Pablo que ese misterio de iniquidad ya opera en el mundo.  En este sentido, hay muchos anticristos, y nosotros los conocemos bien. Pero, no es ninguno de ellos el Anticristo definitivo (2Tesalonicenses 2,5-12)

Es un anticristo ya muy especial aquel que en nuestros tiempos se empeña en presentar un reinado social de Jesucristo en un plan materialista solamente, de una paz que durará esos mil años de que habla el Apocalipsis, pero que son una muy mala interpretación del texto sagrado. El Apocalipsis no quiere decir tal cosa.

Hoy, sin embargo, está en el mundo ese anticristo que predica una paz y bienestar social aparentemente cristianos, pero que no tienen el espíritu de Cristo y hasta se oponen a sus enseñanzas de piedad, abnegación y adhesión a la Cruz. Los falsos mesianismos que se nos predican y que apartan de la fe a tantos nos deben preocupar…

El Anticristo verdadero, el último y definitivo, será el gran mentiroso, que presentará un falso mesianismo y arrastrará a muchos a la apostasía de la fe. Se colocará él en el lugar de Dios, ofreciendo al mundo la solución de sus problemas a cambio de la renuncia a la fe de Jesucristo. El mismo Jesús en el Evangelio lo prevé, y se pregunta preocupado:
– ¿Creéis que cuando yo vuelva encontraré fe en la tierra?… (Lucas 18,8)
La Iglesia habrá de luchar ferozmente contra este enemigo que le arrebatará a muchos hijos. Será la batalla final.
Pero la ganará la Iglesia, porque después de esta gran tribulación, verdadera crucifixión de la Iglesia, y cuando parezca que habrá muerto, el Señor volverá con gloria bajo el aparato de una gran conflagración cósmica, para acabar el mundo y cerrar su Historia.

Todo esto no es fantasía nuestra, sino Palabra de Dios, que nos lo ha revelado y nos previene a fin de encontrarnos preparados. Como se ve, los falsos mesianismos que hoy se nos predican nos deben preocupar, porque apartan a muchos de la fe. Todos ellos no son más que precursores y ensayos fatales del gran Anticristo último que vendrá…

Jesús, ante este hecho, se limita a decirnos:
– Estad preparados (Mateo 24,44)
Sólo dos palabras, muy lacónicas, muy escuetas.

Y la mejor preparación para no caer en las garras del Anticristo, que ya actúa en el mundo, es apegarnos con todas las fuerzas a donde sabemos que está asentada la fe verdadera en Jesucristo. La adhesión a la Iglesia Católica en sus Pastores, sobre todo el estar siempre en comunión con el Papa Vicario de Jesucristo, es la garantía más firme para no caer en las trampas de los anticristos que nos asedian.

La Iglesia perseguida no nos escandaliza a nosotros. Precisamente porque es perseguida, sabemos que es la Iglesia verdadera de Jesucristo. El día en que la Iglesia Católica dejase de ser perseguida en una parte u otra, en ese día empezaríamos a tener miedo. Porque significaría que la Iglesia se ha metido en maridaje con aquel mundo por el que Jesucristo ni quiso rogar. La persecución nos da miedo por los perseguidores, pues nos hace temer mucho su salvación, tan problemática, tan en peligro…

La lucha no nos amilana, sino que nos enardece. Porque tenemos esperanza en la palabra de Jesucristo. En medio de esta confusión moderna de los anticristos, la promesa del Señor nos hace valientes:
– Quien persevere hasta el fin, ése se salvará (Mateo 24,13)

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