¡Amén!

4. febrero 2014 | Por | Categoria: Nuestra Fe

No sé si hemos tenido alguna vez la curiosidad de contar las veces que usamos la palabra “Amén” en nuestro lenguaje con Dios y en nuestras oraciones, que acaban siempre con esta palabra de la lengua y de los tiempos de Jesús: Amen. Sobre todo, no sé si nos hemos detenido a estudiar a la luz de la Biblia lo que significa esta palabra tan rica de sentido.
Decir Amen es hacer una profesión de fe.
Es decirle a Dios que sí, que estamos conformes con todo lo que Él nos dice.
Es repetirle con energía que le vamos a ser fieles.
Es poner de acuerdo plenamente nuestra voluntad con la suya.
Es asegurar nuestra esperanza, sabiendo que no vamos a fallar en los planes amorosos de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica acaba su exposición del Credo proponiéndonos la palabra Amen, para que seamos conscientes de lo que decimos cuando la repetimos tanto  (1061-1065)

Amen es una palabra aramea, de la lengua que hablaba Jesús, y que significa la fuerza, la firmeza, la solidez, la estabilidad, la duración, la credibilidad, la fidelidad, la seguridad total…
Si en los tiempos de la Biblia, cuando se hablaba en arameo, un hombre decía Amen, quería decir que hablaba con seriedad y que era digno de ser creído. Amen era casi un juramento.
Y si uno escuchaba con respeto, y decía Amen, estaba contestando que aceptaba todo lo que se le decía, que creía en aquella palabra, que estaba seguro de que aquello que oía se iba a cumplir.
Amen venía ser, en quien hablaba o escuchaba, como esas expresiones nuestras, aunque tenía mucha más fuerza: Palabra que sí, –  Lo que oye, –  No lo dudo.

Dejamos ahora al hombre, para llevar nuestro pensamiento al Dios de la Biblia, en la que la palabra AMEN tiene tanta importancia (Isaías 65,16. Apocalipsis 3,14. 2Corintios 1,20)
¿Qué significa que Isaías llame a Dios el Dios del Amen?
¿Qué significa que Jesús se llame en el Apocalipsis el Amen.
¿Qué quería decir Jesús cuando repetía tanto Amen, amen?…, en verdad os digo…
¿Qué expresaba Pablo cuando escribía Amen a la gloria de Dios?
¿Qué quiere expresar el Apocalipsis, que finaliza toda la Biblia con esta exclamación: Amen?
¿Qué queremos significar nosotros cuando decimos Amen, que solemos traducirlo por Así sea?…
Cuando Dios se llama Amen, quiere decir que es el Fiel, el que cumple la palabra, el que llevará a término lo que ha prometido. Y en todo el Antiguo Testamento, quiere decir que va a llevar adelante su plan de salvación por el Cristo que enviará al mundo. ¿Cumplió o no cumplió Dios su palabra?…
Cuando Jesús se llama el Amen, quiere decir que Él es quien ha cumplido en Sí la salvación de Dios. Nos dice que es el Salvador prometido. ¿Es o no es Jesús el Amen del Padre?…
Cuando Jesús repite en el Evangelio Amen al asegurarnos una cosa, y que hemos traducido nosotros: En verdad, en verdad os digo…, quiere decir que le creamos, que nos dice la verdad, que se cumplirá todo lo que promete.
Cuando el Apocalipsis acaba la Biblia diciendo Amen, dice que es verdad todo lo que está escrito:  
– Amen. ¡Ven, Señor Jesús!…

Todo esto, por parte de Dios. ¿Y cuando decimos Amen nosotros, qué queremos significar?
Es nuestra respuesta a Dios, que le contestamos con su misma palabra, y le expresamos:
– Sí, yo creo lo que me has dicho.
– Sí, yo sé que vas a cumplir lo que me prometes.
– Sí, yo también quiero que sea así.
– Sí, yo te prometo serte fiel en lo que me pides y en lo que yo te ofrezco.
– Palabra, que voy a tener palabra contigo como Tú, oh Dios, tienes palabra conmigo.
– ¡Amen! Así es. Así será. Así quiero que sea. Yo, Dios mío, te voy a ser fiel siempre.

Esta palabra Amen que hoy comentamos nos lleva a pensar lo importante que es el que nosotros seamos personas de palabra con Dios. Muchas veces nos gloriamos, dentro de la vida social, de ser hombres y mujeres que cumplimos lo que prometemos o aseguramos. Cuando somos sinceros al decirlo, esto resulta un elogio del que podemos estar orgullosos. Entonces, todos se pueden fiar de nosotros.
¿Con quién suele fallar nuestra palabra? Con el que menos debiera fallar: con Dios, precisamente con Dios. Si cumpliéramos todo lo que le prometemos a Dios, ¿quién mediría nuestra grandeza y nuestra santidad?…

El Catecismo de la Iglesia Católica ha hecho muy bien al recordarnos el significado profundo del Amen. Repetiremos esta palabra con el mismo acento con que la decía Jesús. Amen, en nuestra relación con Dios, es un acto de fe en Él y es un examen de conciencia nuestro: ¿soy yo tan fiel a Dios, como Dios es del todo fiel a mí?…

Nuestra lectura de la Biblia y nuestra oración serán muy diferentes si, al leer a Dios o al hablar con Dios, no se nos cae de los labios esta palabra tan querida de Jesús: Amen. Que es decir: yo creo, ¡y firmemente!…
Amen: yo sé con seguridad que Dios lo hará.
Amen: yo se lo prometo a Dios con firmeza..
Amen: porque también yo soy un Amen para Dios, como Dios es un Amen para mí…

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