El Papa

15. enero 2014 | Por | Categoria: Iglesia

¿Es importante, dentro de la Iglesia, el amor y la veneración que tenemos al Papa? A veces se alzan voces en contra de la devoción que tenemos al Obispo de Roma. Dicen algunos:
– ¿Por qué tanta manifestación de piedad, que parece debe estar reservada a Jesucristo en persona, y nada más que a Él?…

Dependerá de lo que respondamos a esta pregunta: – ¿Quién es el Papa?  
Y la respuesta mejor, la más sencilla, la que lo compendia todo, es ésta:
– El Papa es el Vicario de Jesucristo en la Tierra.
Entonces, amamos al Papa porque amamos a Jesucristo; y porque amamos a Jesucristo, amamos al Papa, su representante, su Vicario, el que hace sus veces entre nosotros.

Se nos responde a esta nuestra afirmación:
– También los otros Obispos son representantes de Jesucristo, como sucesores de los Apóstoles, y hacen sus veces en la Tierra, y no sólo el Obispo de Roma.
Es muy cierto. El Papa, como Obispo, es igual que los demás, pero, al decir de Roma, han dado en el clavo de la cuestión.
Todos los Obispos de la Iglesia Católica enlazan con los Apóstoles como cuerpo, como grupo, como colegio.

Pero el Obispo de Roma liga directamente con Pedro, a quien Jesucristo constituyó cabeza del Apóstoles, lazo de unión entre ellos, y al que encomendó:
– Confirma en la fe a tus hermanos, a los demás Apóstoles.
– Apacienta mis corderos, apacienta a mis ovejas, es decir, a todo el rebaño, lo mismo a los pastores que a las ovejas.
Porque sólo a Pedro le dijo, al cambiarle el nombre de Simón por el de Roca, Piedra:
– Tú eres Pedro, sobre ti edificaré mi Iglesia.
La Iglesia de Cristo es la que está edificada sobre la Roca. Es la señal indefectible.

Dios ha tenido una especial providencia en mantenernos íntegra la lista de los sucesores de Pedro en la sede de Roma. Que Pedro fue el primer Obispo de Roma, que murió en Roma, y que sus restos descansan en ese sitio preciso del centro de la Basílica del Vaticano en Roma, es una cuestión histórica que está fuera de toda duda y que ningún enemigo de la Iglesia Católica, por mucho que se empeñe, puede contradecir. El que lo hiciera, quedaría en el ridículo más total.

De ahí nuestra seguridad de que el Papa actual, como el anterior, como el que le seguirá, es sucesor directo de Pedro, y, por lo mismo, el Vicario de Jesucristo para toda la Iglesia. El segundo milenio acaba con una lista que llega a 264 Papas, sin ninguna interrupción, desde Pedro el Pescador de Galilea hasta Juan Pablo II. ¡Gracia extraordinaria de Dios a su Iglesia el que sepamos esto con la certeza más absoluta!

Con el Papa, contemplamos un espectáculo maravilloso de unidad en la Iglesia. Sin el Papa, habría tantas opiniones y tantas iglesias como cabezas, y la Iglesia sería esto, un rompecabezas. Con el Papa, no hay más que una Iglesia, la de Jesucristo.

Con el Papa, contemplamos otro espectáculo maravilloso de seguridad en la Iglesia. Estamos ciertos de nuestra fe, sin duda de ninguna clase. Se dice y se repite acertadamente: Donde está Pedro, está la Iglesia; donde está la Iglesia, está Cristo; donde está Cristo, está Dios. Esta seguridad que vive la Iglesia al verse unida al Papa es sin duda una de las mayores gracias que Dios nos concede. Sin esta seguridad, la vida cristiana sería muchas veces una tortura, mientras que ahora es una vida descansada de veras…

Con el Papa, contemplamos otro espectáculo maravilloso de comunión en la Iglesia. Todos los Obispos unidos entre sí por el sucesor de Pedro, y todos nosotros unidos con nuestros Obispos y el Papa, mantenemos la unidad total de fe y de caridad. Por eso, el que se desgaja de los Obispos y del Papa, se desgaja a sí mismo de la Iglesia instituida por Jesucristo.

Con el Papa, contemplamos otro espectáculo maravilloso de tranquilidad en la Iglesia. Ya nos pueden perseguir. Ya pueden surgir creencias opuestas a nuestro alrededor. Todos los opositores van cayendo uno tras otro. Y la Iglesia Católica sigue en pie. Porque tiene la palabra del Señor:
– Pedro, sobre esta Roca edifico yo mi Iglesia, y todos los poderes del infierno no podrán contra ella.

Siendo todo esto así, ¿qué decimos en definitiva? ¿Podemos amar, o no debemos amar al Papa? Si en el Papa vemos a Jesucristo, ¿no es a Jesucristo a quien veneramos en el Papa?…

Un famoso periodista (Vittorio Messori) ha sintetizado lo que es el Papa, sobre todo en nuestros días, cuando dice que en él vemos: no un peso, sino un regalo de Dios; no un amo contra el cual nos vamos a rebelar, sino un padre al que seguimos con confianza; no un repetidor monótono de verdades pasajeras y de moda, sino un maestro de aquella Verdad que nos enseñó el mismo Dios a costa de la Cruz .

¿Estamos con el Papa, y amamos al Papa? Teniendo fe en la palabra del Señor, que confía su Iglesia a Pedro y le constituye Vicario suyo, se explica nuestra adhesión y veneración al Papa. Esta devoción es un acto de fe y amor al mismo Jesucristo. No tenemos miedo entonces. Al estar con el Papa estamos con Jesucristo. Y en el Papa amamos al mismo Jesucristo…

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