Y el domingo, ¿qué haremos?…

10. diciembre 2013 | Por | Categoria: Nuestra Fe

Entre semana —cualquier día, hoy mismo—, nos preguntamos muchas veces: Y el domingo, ¿qué haremos?… Hay respuestas para todo, desde luego.
Unos dan respuestas poco satisfactorias:
– Iremos a la playa…
– No me voy a perder el partido…
– Como la discoteca no cierra hasta las cuatro de la mañana, pues, a dormir…
– Preferimos quedarnos en casa tranquilos……
Nadie dirá que está mal todo eso. Pero nos gustaría oír cosas mejores. Aunque, gracias a Dios, como católicos, escuchamos con placer que algunos responden:
– Descansaremos toda la familia juntos. Iremos a la Misa el sábado por la tarde, para más seguridad, o el domingo al regresar a casa.
Y en medio de pareceres muy diversos, escuchamos respuestas magníficas, como éstas:
– Este fin de semana vamos a asistir a un Retiro… Tenemos un Encuentro Matrimonial…

Nos encontramos, entonces, con que el domingo es para muchos una bendición de Dios; para otros, por el contrario, es un problema humano, religioso y social, de provecho muy dudoso. Por lo tanto, hemos de mirar bajo la óptica de la fe el pro y el contra del domingo moderno.

Comenzamos por señalar ciertos males del domingo, ya que hemos escuchado primero unas respuestas que no nos satisfacen. El Papa León XIII, el Papa de los Obreros y de la cuestión social, decía gravemente:
– La violación del domingo lleva a la extinción de la fe, al abandono de la oración, al olvido de la eternidad, a la supresión de Dios en la vida del hombre.
Son palabras muy fuertes y denuncian males de consecuencias irreparables. Las analizamos.

¿Sabemos lo que significa perder la Fe? Es cortar la raíz del árbol. Es secar la fuente del río. Es apagar la luz del sol… Dejémonos de comparaciones, y digamos la verdad desnuda: sin la fe no hay salvación. Es imposible pensar en un mal peor. No existe. ¿Sabemos lo que significa abandonar la oración? Es cortar el hilo de oro que nos liga con Dios. Es materializarse del todo. Es centrarse en la tierra olvidando el Cielo, destino final nuestro.
¿Sabemos lo que significa olvidarse de la eternidad? Podemos jugar al avestruz, si queremos. Pero la realidad revelada por Dios se impone. Nuestro destino último no acaba en este mundo. Al morir, se nos abre una eternidad sin fin, de muy diversa índole para cada uno, según salga de este mundo en la presencia de Dios. ¿Sabemos lo que es la supresión de Dios en la vida del hombre? En esta expresión ha querido el gran Papa sintetizar los males anteriores, que, si bien los examinamos, todos vienen a decir lo mismo, todos entrañan la misma realidad: pérdida de Dios, pérdida para siempre.

La razón de todo esto es muy sencilla. La fe, la vida divina por los Sacramentos y el amor en la unión fraterna de la Iglesia, se viven, se renuevan, se mantienen por la Palabra de Dios y la oración del culto cristiano, celebrado con la Santa Misa. Si suprimimos la Misa en el proyecto de nuestra vida, renegamos de los medios que Dios nos da para nuestra salvación. La Misa exige, a su vez, el descanso. Muchas diversiones de hoy, en vez de favorecer el reposo, nos agotan más que el trabajo desarrollado durante la semana. La salud, la piedad y la vida familiar vienen a ser las tres grandes víctimas de nuestras diversiones modernas.

Y, como siempre, viene el ver la estampa por la otra cara. Cada vez son más las personas y las parejas que aprovechan el domingo para darse a Dios de una manera ejemplar. Ejercicios Espirituales, Retiros, Encuentros, Cursillos, Asambleas… están hoy a la orden del día en la vida de los católicos. Los que trabajamos algo en el apostolado seglar, sabemos los apuros que pasamos para encontrar libre una Casa de Retiro en los fines de semana.
¿Qué significa esto? Que donde abunda el mal, Dios al fin hace sobreabundar el bien. Nunca se había visto en la Iglesia este fenómeno: ¡tantos que aprovechan, no sólo el domingo, sino todo el fin de semana, para dedicarlo a su alma y a Dios! Esto es una esperanza muy grande. Si miramos lo que esto significa para la salvación, todos apostaríamos por esos hermanos que así santifican el domingo. Es un imposible que se pierda quien de este modo busca a Dios. Y la salvación entonces se realiza en racimo, como decimos en nuestro lenguaje. Son los esposos, los padres e hijos, quienes van al encuentro de Señor de una manera segura y que no falla.

El Papa Pío XII nos dijo: Todo cuanto se trabaje por la observancia del domingo, está en oposición directa con la impiedad. Nos duelen mucho las víctimas de esa impiedad. Porque ese ateísmo práctico moderno, el materialismo y la irreligiosidad están muy activos. Pero nosotros, católicos, no los dejamos apoderarse de nuestras vidas. Con la Misa dominical y con el descanso debido, nosotros tomamos la pistola y les disparamos el tiro de gracia. Nosotros nos ponemos entonces más vivos que ellos…

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