Dios es amor, amor…

2. septiembre 2013 | Por | Categoria: Dios

Se ha dicho muchas veces —y modernamente se repite mucho—, que la palabra más fuerte, más grande, más estimulante y más verdadera de toda la Biblia es esta afirmación de la primera carta de Juan: Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él. Es la respuesta a tres preguntas profundas y a la vez angustiosas:
¿Qué es Dios? Dios es amor.
¿Quién está metido en Dios? El que ama.
¿En quién vive Dios? En quien ama, y en nadie más.

El amor lo llena todo. Puesto que Dios es amor, todo lo hizo por amor, nos trata siempre con amor, y todo al fin lo consumará en el amor.
Dios Padre creó el mundo por amor, y perdido el mundo por el pecado, de tal manera nos amó que mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salvara.
El Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo, de tal manera amó al mundo que se entregó por el mundo, lo salvó, y le mandó su Espíritu para que lo santificara todo.
El Espíritu Santo es el amor de Dios y se ha derramado en todos los hijos de la Iglesia, llamándolos a la santidad de Dios.
La Iglesia, llena del amor del Espíritu Santo, se da al mundo para abrasarlo todo en el amor de Dios y llevar a todos los hombres al amor de Dios.
Al final, todo se cerrará en el amor.

Un novelista famoso pone en labios de una viejecita santa este diálogo con una sobrinita suya:
– ¿Sabes lo que le voy a decir a Dios cuando me presente ante Él?
– ¿Qué le vas a decir, tiíta?
– Lo primero que le voy a decir apenas lo vea en el Cielo será esto: ahora, Dios mío, ahora ámame mucho.

¡Bien por la viejecita creyente! Pero no hará ninguna falta que se lo pidamos a Dios. Porque Dios no tiene otra ilusión divina sino meternos en su amor eterno, como el hierro en la fragua, para hacernos un solo amor con Él.
Esto nos lleva a pensar cómo hay que vivir ya en este mundo el amor de Dios.  

Ante todo, con fe inmensa en este amor. Lo primero de todo es decirse mil veces con profunda convicción: ¡Dios me ama! Esto quita del alma todo temor, inspira una enorme confianza en Dios nuestro Padre y lleva a la mayor generosidad.

Después, con la respuesta a ese amor de Dios. El amor debe ser amado, debe ser correspondido.
– Hijo mío, dame tu corazón, nos dice Dios con la Biblia (Proverbios 23,26)
Jesús, entonces, le pregunta a Pedro: ¿Me amas?
Todo el negocio de la gracia y de la salvación se cifra en el amor. El amor de un Dios que se da al ángel y al hombre, y el amor del ángel y del hombre que responden con amor al Dios que les ha amado primero. Quien tenga la esperanza de alcanzar la felicidad eterna en el seno del Dios en quien cree, sólo tiene que recorrer el camino del amor. Se le da a Dios el corazón. Se cumple escrupulosamente su divina voluntad. Se suspira por Dios como único fin de nuestra existencia.

Es la manera de ganarse a Dios. Teresa del Niño Jesús lo dice de un modo nagistral:
– Se ha de saber agarrar a Dios por el corazón. El amor es su lado flaco.
Quien lo ama, se lo ha ganado para siempre.
Porque ese Dios, que parece no tener bastante con su propia felicidad, nos mete en su misma gloria para colmar todas nuestras ansias infinitas de amor.
Si no sabemos corresponder al amor de Dios, nos puede pasar como a aquella niña de seis años a quien su padrino le regaló una muñeca preciosa. Al cabo de pocos días, la muñeca paraba en el fuego. Y se la reclamó el padrino:
– ¿Qué has hecho con aquella muñeca tan bonita? ¿Por qué la has quemado?
Y la pequeña, con toda razón:
– Porque le dije cien veces que la quería, y ella no me contestó ni una sola vez.

Es la historia del hombre con Dios: el amor no es amado. Y el amor no amado acaba en un fuego que no será precisamente el fuego del amor, sino un fuego vengador de un amor no correspondido.
El corazón está hecho para amar y no puede vivir sin amar algo. Si se ama lo que no es Dios y lo que no quiere Dios, el amor se frustra para siempre, lo mismo en esta vida que en la otra.
Mientras que amar a Dios y todas las cosas en Dios es el colmo de la propia realización. Hoy nos gusta mucho esta expresión: Me realizo. Es decir, llego a conseguir aquello que soy y para lo que soy. Soy una llama de amor hecha para arder. ¿Amo? He conseguido todo en esta vida. ¿Amo a Dios y amo todo y a todos por Dios? He conseguido todo en la vida futura.  

El amor es el gran mensaje que necesita el mundo moderno, porque nunca se ha hablado tanto de amor y nunca se ha falsificado tanto el amor. Aunque, digamos también, pocas veces el mundo habrá contemplado como en nuestros días tantos heroísmos realizados por el amor. Por eso nos decimos: todo pasa, y lo único que queda es el amor y las obras del amor…

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