El mundo, maestro de Dios

18. marzo 2013 | Por | Categoria: Dios

Dios ha querido enseñarnos lo que es Él y ha encomendado la lección a un maestro excepcional: al mundo. Porque el mundo nos da una lección soberana de Dios, tan clara, tan precisa, que el apóstol San Pablo, hablando de los paganos que no hayan conocido a Dios, nos dice que serán inexcusables en el tribunal de Dios si dicen que nunca han oído hablar de Él porque nadie se lo enseñó.
El que no descubre a Dios al contemplar la creación es un ciego, un obtuso, y culpable del todo, porque es un ciego y un obtuso voluntario.
Mientras que el creyente ve a Dios en todas las cosas, porque todas le muestran a Dios y le están hablando de su Creador (Branks al rey Jorge V)

Hace ya muchos años, cuando no se viajaba tanto como hoy, el ir a lejanas tierras, como se decía entonces, era un acontecimiento y un privilegio de pocos. Aquel viajero inglés regresó de su viaje interminable y fue recibido por el rey de Inglaterra, que le preguntó:
– En definitiva, ¿qué es propiamente lo más hermoso que ha visto usted en el mundo que ha recorrido?
Y el excursionista contestó con frase que airearon todos los periódicos:
– Majestad, lo más bello ha sido el Señor del mundo.

Esta lección sobre la creación es fundamental en la vida cristiana, y el Catecismo de la Iglesia Católica la ha tomado también con la seriedad y amplitud que merece. Porque partimos de un presupuesto: ¿Existe Dios o no existe? (337-349)
Si no existe, está de más toda nuestra preocupación por la vida moral y es una tontería el inquietarnos por un más allá también inexistente. Disfrutemos de la vida sin freno alguno, que es lo único positivo que tenemos en el mundo.
Por el contrario, si Dios existe, hemos de atenernos a las consecuencias de nuestros actos, pues un día habremos de responder a quien nos va a pedir cuentas…

Por eso, la primera afirmación de nuestra fe —Creo en Dios, Creador del cielo y de la tierra— es de una gran importancia. No se la enseñamos solamente a los niños, sino que la queremos tener siempre muy presente los mayores sobre todo, porque de ella se derivan las consecuencias más graves.
Esa lección la aprendemos en la primera línea de la Biblia, que comienza de una manera tan simple y tan grandiosa:
– En el principio Dios creó el cielo y la tierra.
Nosotros hemos aprendido así la lección desde niños bebida en la Palabra de Dios. Pero Dios ha tenido a bien el revelarla a todos los hombres, aunque no conozcan la Biblia para nada, y lo ha hecho por medio de la misma creación.  
Y el mundo es el primero que nos está pregonando:
– Dios existe, hay un Dios. Y, si no, miradme a mí. ¿De dónde vengo? ¿Quién me hizo? Porque yo antes no existía, y ahora me veis aquí…
Pero el mundo nos dice todavía más. Como nos asegura San Pablo al principio de su carta a los Romanos, el mundo nos dice hasta muchas cosas íntimas de Dios, cuando nos sigue impartiendo su lección:

* Vuestros radiotelescopios dicen que no captan mi extensión inmensa, y, sin embargo, allí está Dios: ¿adivináis su grandeza?…
Vuestros científicos calculan que existo hace unos dieciséis mil millones de años: ¿medís lo que tiene que ser la eternidad de Dios?…
Os dicen ahora que yo comencé siendo un punto nada más, que estalló en un instante, y que allí estaban contenidas las infinitas estrellas que pueblan los cielos: ¿adivináis lo que es el poder de Dios?…
Contempláis el orden de las cosas y su belleza inenarrable: ¿pensáis lo que tiene que ser ese Dios que se os ofrece para que lo veáis un día cara a cara, y lo que sería perderlo para siempre?…

Dios puede seguir dictando así su lección el mundo. Parece una lección de niños por lo sencilla que es, y resulta la lección más angustiosa que escucha un sabio.

El Catecismo de la Iglesia Católica saca para todos nosotros las consecuencias de la lección, y que podríamos resumir en breves palabras.
¿Ese mundo? Es una acusación para quien niega a Dios.
¿Ese mundo? Merece respeto y Dios nos lo entrega para que lo dominemos, lo cuidemos, lo perfeccionemos.
¿Ese mundo? Dios descansó el séptimo día después de su creación. Pero hoy contamos con un día octavo: hecho todo en vistas a Jesucristo y para Jesucristo, con su Resurrección empezó la creación nueva, que se consumará al final de los tiempos, cuando renovadas todas las cosas se convierta el mundo en la morada digna de Jesucristo y de los hijos de Dios. ¿Quiénes lo disfrutarán? ¿Quiénes lo habrán perdido?…
Todo dependerá del uso que hayamos hecho de este mundo que ahora Dios nos da… Entonces se verá quiénes habrán sido los sabios y los prudentes de verdad…

Entre tanto, seguimos escuchando a Francisco de Asís, que nos dice con acento siempre nuevo:  
– Servidle con ternura y humilde corazón, – agradeced sus dones, cantad su creación. – ¡Las criaturas todas, load a mi Señor!…

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